Vida sana por ley. ¿Es conveniente que se legislen estas cosas?

No puedo evitar hacer paralelismos con lo de «no podemos conducir por ti» de la DGT. Esto de que se quiera regular la vida sana por ley me parece demasiado intervencionista por parte del Estado, aunque el trasfondo sea bueno (cosa que tampoco tengo tan clara). Los controles sanitarios son imprescindibles, pero ciertas obligaciones y prohibiciones no me parecen el camino más apropiado.

Vida sana por ley, otra de prohibiciones a la vista

Hace ahora un mes que la Junta de Andalucía, en su Consejo de Gobierno aprobó el Anteproyecto de Ley para la Promoción de una Vida Saludable y una Alimentación Equilibrada; se supone que como medidas de lucha contra la obesidad, un problema que es cada vez más evidente en nuestra sociedad.

Medidas propuestas:

#Vida sana por ley

Vida sana por ley. ¿Hay que legislarlo todo?

1.- Menús y raciones: Se quiere exigir que los bares dispongan de menús saludables y de distintos tamaños de raciones. Esta medida afectaría también a otros comercios que quedarían obligados a que sus clientes pudieran adquirir alimentos frescos y perecederos en cantidades de peso adaptadas a las necesidades familiares.

2.- Obligatoriedad de habilitar aparcamientos de bicicletas en empresas con más de cincuenta trabajadores.

3.- Los bares y restaurantes estarán obligados a disponer de agua fresca y vasos de forma gratuita. También se quiere promover el acceso gratuito al agua en los lugares públicos.

4.- Tratar la obesidad como una enfermedad y reconocer el derecho a una atención sanitaria integral y continuada.

5.- Promover el ejercicio físico y la lactancia en centros educativos, universidades, empresas, espacios de ocio…

6.- Cinco horas de ejercicio semanales mínimas en centros docentes.

7.- Menús saludables obligatorios en comedores escolares.

8.- Se limitará la publicidad de bebidas y alimentos envasados, así como la venta de chucherías.

 

Ramón Cerdá
Empresario - Sociedades Urgentes
Ontinyent, 1964

Fundador de GMC Asesoría de Empresas, SOCIEDADES URGENTES y Mi Libro en Papel, además de escritor, novelista, bloguero, editor y corrector de textos en EL FANTASMA DE LOS SUEÑOS.

Autor de LA HABITACIÓN DE LAS MARIPOSAS, HACIENDA [NO] SOMOS TODOS, LOS ELEMENTOS DEL ESTILO LITERARIO y otros muchos títulos.
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3 Comentarios.

  1. Gracias por compartir con nosotros. Hay que ser positivo.
    Saludos

  2. La obesidad está llegando a ser ya una pandemia en el mundo, y no sólo en los países desarrollados, es peor en los en vías en desarrollo, e incluso se puede decir que en las capas sociales menos educadas o más desfavorecidas es peor.

    El azúcar y otros alimentos son una auténtica plaga. El azúcar, por ejemplo, que se añade por la industria alimentaria a casi todos los alimentos procesados, induce en el cerebro adicción. Estimula el apetito y adormece la sensación de saciedad. Y además la industria la disimula con nombres como jarabe de… para no declarar que es simplemente sacarosa en sus múltiples formas. Esta molécula además produce efectos secundarios dañinos como la destrucción o no metabolización de la vitamina B. Por fin la OMS ha tenido que rendirse a la evidencia científica que la industria alimentaria lleva ocultándonos durante años y aconsejar que no se superen una ingesta diaria máxima. Además en la composición de todos los alimentos en la etiqueta debe figurar en cada 100 gramos exactamente la proporción de azúcar que contiene. Por ejemplo el colacao o la nocilla que se dan a nuestros hijos tienen proporciones de azúcar que si lo viésemos físicamente nos asustarían, excediendo más de la mitad del envase. No digamos las chucherías, auténticas fuentes tóxicas para los niños, pero que los preparan para una vida adulta diabética y obesa ya desde pequeños.

    Este es un ejemplo de cómo los estados deben proteger a sus ciudadanos de los excesos. No me parece mal que en los colegios y lugares públicos se prohíban ciertas prácticas que la industria alimentaria viene haciendo impunemente desde hace años, como la venta en los colegios de la bollería industrial con grasas trans y repletas de azúcar.

    Es como el tabaco hay que prohibirlo en lugares públicos y publicitarlo en las cajetillas para que todo consumidor sepa que está atentando contra su salud. Ahora bien a partir de ahí se debe respetar la libertad de cada cual. Todo exceso es malo, y si se nos oculta lo dañino que es, peor, pero el estado no se puede convertir en un policía de lo que comemos o no. Aunque si la sanidad pública debe pagar con nuestros impuestos los excesos de los ciudadanos, me parece bien que se graven con tasas el alcohol (no el vino ni la cerveza que son de baja graduación), el tabaco, y por qué no, los alimentos que tengan exceso de azúcar, grasas trans, etc, que son también dañinos para la salud y suponen un enorme gasto para la sanidad pública. Es la otra cara del estado del bienestar, si se quiere tener hay que contribuir pero cada uno en función de los gastos que voluntariamente provoca. Los malos hábitos y los dopajes que cada uno se quiera hacer que se los pague, y no se los cargue a los demás.

  3. Bienvenidas sean dichas medidas, que me parecen correctas y necesarias siempre que estén basadas en la educación, nunca en la imposición.

    Esto demuestra que nuestra sociedad ha perdido la cabeza por completo porque una cosa es cambiar un modelo social y pedagógico que pueda ser obsoleto, y otra desmontarlo y sustituirlo por un conjunto de ocurrencias. Me explico.

    En mi muy modesta opinión, el ser humano “funciona” de dos formas. De pequeños nos educan nuestros padres y, lamentablemente, esa educación tiene un cierto factor coercitivo puesto que los padres han de obligar a los hijos a hacer (o no hacer) determinadas cosas por medio de algún mecanismo tal vez basado en premios y castigos. Cuando hablo de castigo ni de lejos pienso en castigos físicos pero llega un momento en que le legislación sobreprotege tanto al menor que tal vez quitarle a un niño el “derecho” a jugar con la consola o impedirle salir de casa a determinadas horas puede tener incluso consecuencias penales para los padres. Y dentro de los colegios de la autoridad de los profesores ya ni hablamos. Porque sería otro tema.

    La segunda forma que mencionaba antes es la costumbre. Ciertos comportamientos, sin estar prohibidos están mal vistos. No hay ninguna ley que prohiba aliviarse los gases en público pero no es necesario. Salvo algunos antisociales, la gente normal no lo hará.

    Así que corregir los malos hábitos de los adultos, y me incluyo en ese grupo, sin entrometerse en la vida privada de la gente lo veo difícil.

    En principio, voy a ser positivo (o ingenuo tal vez) ya que de momento no se obliga a nada al ciudadano. Así que mis críticas hacia este anteproyecto de ley no van a ser demasiado fuertes.

    Aunque… veremos. Esperemos lo mejor, pero prepararemonos para lo peor.

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La Lectura de Ramón