Si las palabras mataran estaríamos todos muertos

Si las palabras mataran estaríamos todos muertos; esa es una reflexión que me he hecho muchas veces cada vez que pienso en la libertad de expresión y en el hecho de que le damos demasiada importancia a las palabras. Es cierto que está muy feo decirle a nadie (o siquiera pensarlo) cosas como «Ojalá te mueras», «Si te vuelvo a ver por aquí te mato» y cosas por el estilo, pero si recapacitamos y hacemos memoria veremos como todos en algún momento de nuestras vidas (quizá incluso siendo niños) hemos dicho (o nos han dicho) cosas parecidas. Hasta nuestra madre es posible que nos haya dicho algo parecido alguna vez con la zapatilla en la mano. De ahí que crea sinceramente que…

Si las palabras mataran estaríamos todos muertos…

#Si las palabras mataran estaríamos todos muertos

Si las palabras mataran estaríamos todos muertos. ¿No estamos exagerando?

… Pero las palabras no tienen tanto poder como a veces les queremos otorgar. Y muchas veces tampoco decimos lo que pensamos o cómo lo pensamos, sino otra cosa. En definitiva, tampoco se puede juzgar a nadie por lo que, en un momento de, llamémosle irracionalidad, dice o escribe. Y ni siquiera hablo de perdonar, porque creo que no se trata de que nos perdonen por decir esas cosas o que nosotros perdonemos a los demás si alguna vez nos las han dicho, sino más bien que, directamente, no hay que darle tanta importancia, ni siquiera el perdón es necesario. A veces pecamos de sensibleros y megadelicados y nos ofende más una palabra que la miseria del mundo.

Eso nos lleva a la otra parte, a prohibir, a vetar lo que uno puede decir en un momento dado, algo muy típico ahora con lo de las redes sociales, porque claro, antes decíamos algo y, como siempre ha dicho el refranero: «Las palabras de las lleva el viento», pero ahora no ocurre así, ni siquiera entre las parejas. Antes nos decíamos todas las lindezas a la cara y hasta nos quedaba el recurso de negarlas en un momento dado, pero ahora todo queda reflejado de una manera u otra. ¿Para qué está el wasap si no? Para echar en cara a nuestra pareja lo que nos dijo el 21 de abril de hace tres años cuando nos enfadamos con la suegra… por ejemplo. O el Facebook y el Twitter, del que siempre hay alguien (con poco positivo que hacer) desenterrando viejas frases sin venir a cuento. Algo que en su momento pasó desapercibido, ahora resulta que es «nuevamente» ofensivo.

Sinceramente, poner la línea entre lo que podemos decir y lo que no, es algo que no debieran dirimir los tribunales, ni los legisladores ni nuestros políticos.

Hace muy poco han condenado a una persona por un comentario en Facebook. Un comentario, he de decir, muy desagradable y muy desafortunado, pero palabras al fin y al cabo, la expresión de un sentimiento que, por muy deleznable que sea, no tiene más consecuencias que las que quien lo lee quiera que tenga. Personalmente, si alguien hace ese tipo de comentarios en el muro de mi Facebook, automáticamente lo bloqueo y ya está, problema solucionado. No tengo por qué hacerle caso, ni tengo por qué denunciarlo, ni debo alegrarme de que lo sancionen. ¿Por qué? Que cada cual diga lo que quiera mientras no pase a los hechos y mate o hiera a alguien (y no hablo de herir sentimentalmente).

El desafortunado comentario:

«Qué pena de bomba para que saldrían por los aires y ellos con ellos»

Además, la frase está horripilantemente construida; ni siquiera se entiende. Los que, de alguna manera amamos el lenguaje, nos podemos sentir también ofendidos, ya no por el contenido, sino por lo mal escrito que está, pero bueno, eso es otra historia, otra tontería más. Con bloquear al energúmeno, todo solucionado. Sancionarlo es victimizarlo y no le corta las alas sino que se las hace más grandes, lo hemos convertido en víctima, incluso en héroe entre los de su entorno. Como cuando Mas dijo el otro día la gilipollez de que se sentía orgulloso de estar imputado por lo del referéndum.

Ha sido el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número UNO de Reinosa quien ha condenado al pago de novecientos sesenta euros (no sé si hay un baremo por palabra o algo así porque la cifra es un tanto extraña) a quien escribió el anterior comentario. Motivo: considerarlo como «injurias graves a los ejércitos, clases o Cuerpos de Seguridad del Estado».

Igual la Real Academia de la lengua se anima y lo sanciona también por daños irreparables al lenguaje.

Mi opinión personal: La sanción me parece improcedente, innecesaria y contraproducente.

Fue la Guardia Civil la que presentó un atestado por estos hechos y el Ministerio Fiscal quien formuló la acusación. Estos señores (Los de la GC) están demostrando también últimamente que son mucho más sensibles y delicados de lo que se les presupone para el cargo que ocupan. Creo que deberían tener más presencia de ánimo y estas cosas las debían de resbalar. O quizá no tengan otra cosa mejor que perder el tiempo en tribunales.

Creo que hay cosas más importantes para dirimirlas en los juzgados. Tengamos en cuenta, entre otras cosas, que los gastos producidos en el sistema y la inevitable falta de atención a otros casos más importantes, a buen seguro nos sale más caro que los novecientos sesenta euros que se recaudan por la sanción, que por cierto, no sé quién se los va a quedar ni en qué se van a utilizar. Sería interesante saberlo.

Recordemos una vez más: Si las palabras mataran estaríamos todos muertos.

Ramón Cerdá

Ramón Cerdá
Empresario - Sociedades Urgentes
Ontinyent, 1964

Fundador de GMC Asesoría de Empresas, SOCIEDADES URGENTES y Mi Libro en Papel, además de escritor, novelista, bloguero, editor y corrector de textos en EL FANTASMA DE LOS SUEÑOS.

Autor de LA HABITACIÓN DE LAS MARIPOSAS, HACIENDA [NO] SOMOS TODOS, LOS ELEMENTOS DEL ESTILO LITERARIO y otros muchos títulos.
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13 Comentarios.

  1. Gracias: “No hay mejor maestro que un buen ejemplo.”

  2. Muy al contrario que Ramón, considero que las palabras vertidas en redes sociales no se las debe llevar el viento. No es lo mismo en familia o coloquialmente decir expresiones que no se mantendrían racionalmente hablando que decirlas en Facebook o Tweeter, etc.

    Cuando se escribe en redes sociales hay un tiempo de reflexión. Hay una responsabilidad social ya que está escribiendo en un medio de comunicación que influye en otras personas, afecta al honor y e imagen de las demás personas (derecho fundamental protegido por la Constitución), crea mimetismos, y contribuye a crear opinión.

    Si el límite de la libertad de expresión acaba donde empiezan los derechos y libertades de los demás, todos tenemos derecho a que no se nos calumnie públicamente (las redes sociales son un instrumento de expresión público) a que no se nos insulte, se nos amenace o se ponga en solfa el honor o la imagen ya que estos son derechos muy importantes y fundamentales de las personas al mismo o superior nivel que la libertad de expresión de quién las escribe o a veces “escupe” con clara intención de hacer daño, amenazar o amedrentar. Y me estoy refiriendo a esas jaurías de “trolls” que se te echan encima en cuanto no coincides con sus planteamientos radicales.

    • No le digo que no, pero no podemos hilar tan fino y trasladar a diario los muros de las redes a los juzgados. Además, perdonar es honroso y dignifica el espíritu, olvidar la ofensa es casi divino (salvo en casos de alzhéimer), y pleitear por un insulto es demasiado, demasiado… humano.

      • El calumnia que algo queda es una técnica muy utilizada para crear estados de opinión y descalificar al oponente. La calumnia publica siempre ha estado penada y corresponde a los jueces decidir su gradación. A mí me parece que el calumniador no debe “irse de rositas” y más cuando hay auténticos especialistas a sueldo en crear estados de opinión en las redes, precisamente para crear estados de opinión de lo que es políticamente correcto o no. Si les dejamos actuar a los calumniadores a sus anchas, luego no nos quejemos.

  3. José Antonio Gracia Percebal.

    La verdad, es que como casi siempre pienso lo mismo.

    Mi madre también un vez me dijo tras darme una bofetada: ¡¡La próxima vez te doy una paliza que te dejo negro!!!

    Cuantas amenazas habré oído en bares, terrazas, despachos, reuniones de vecinos… Pongamos cada cosa en su sitio, y dejemos sitio en los juzgados que bastante trabajo tienen, como para suturarlos con tonterías.

  4. Soy de los primeros en defender la libertad de la expresión. Y como todo derecho o libertad, este acaba donde empieza el derecho o libertad ajena.
    Ya sabemos que no existe un “derecho a ofender” amparado por “la libertad de expresión”.
    Y al respecto habría que reparar en que existen “los delitos de odio”:
    «El Supremo establece que el “discurso del odio” en Twitter no está amparado por la libertad de expresión.»
    http://www.poderjudicial.es/cgpj/es/Poder-Judicial/Noticias-Judiciales/El-Tribunal-Supremo-condena-a-un-ano-prision-a-una-joven-por-humillar-a-traves-de-twitter-a-Irene-Villa-y-a-Miguel-Angel-Blanco

    Y hecha ya mi aportación, les invito a reflexionar sobre si una persona jurídica (ya sea una Empresa Comercial, ya sea un Instituto Armado) tiene o no “derecho al honor y el buen nombre”, y si un cargo político (con una gradación que va desde un cargo en Mesa Electoral hasta el más irresponsable de todos, sea o no en Jueves) ha de soportar o no según que ofensas…
    http://www.jrmora.com/blog/2016/10/09/supremio-ratifica-sentencia-agitador/

    • Pues le puedo contestar, además, con una experiencia propia:

      Hace unos años (si lo busca está entre los artículos de este blog) recibí dos demandas por defensas al honor. Uno de los demandantes era un alto cargo de Hacienda. El otro demandante era la propia Hacienda.
      La juez desestimó la demanda de Hacienda precisamente con ese argumento que usted comenta, que Hacienda no tenía ningún honor que defender (lo dijo en otras palabras, claro está). Por la otra demanda fui condenado a 6.000 euros y al ostracismo de no poder dirigirme nunca más a ese funcionario.

      • Gracias: “No hay mejor maestro que un buen ejemplo.”

        (Perdone la duplicidad: iba aquí.)

      • Ya una vez alguien aquí dio una definición de “Troll” que no es la usada en las redes…y desde luego no es un insulto. Son personajes del Señor de los anillos que atacan en manada. Lo que es un insulto es un ataque “ad hominem” que es lo que estos suelen hacer para defender sus ideas sectarias. Sectario es el que descalifica insultando o atacando físicamente o por cualquier medio a su alcance al que no piensa como uno mismo. Y manada es un grupo de animales que utilizan el grupo como defensa o ataque para mimetizarse y potenciar los efectos.

  5. Indudablemente hay que tener cuidado con lo que se dice en las redes sociales porque las palabras se las lleva el viento pero lo escrito queda. Si pueden usarlo con ti da por hecho que lo usarán.

    Efectivamente, estamos viviendo un momento de involución democrática. No cabe aquí volverse contra nuestros políticos. Si no fuera porque dicha involución o neocensura tiene fuertes apoyos entre gran parte de la sociedad no sería posible que tuviera lugar.

    Me reconforta algo leer por ahí que otra parte de la sociedad empieza a ser consciente que no vamos por buen camino. Leo recientemente en El Mundo un par de artículos interesantes.

    https://goo.gl/RGA21Z

    Dice la cantante Bebe:

    “…las personas empezaron a expresar lo que pensaban para ponerse de acuerdo y ese país se convirtió en algo mejor de lo que era. La gente se expresaba sin problemas, porque en la dictadura había que tener muuuucho cuidado. Y, de repente, cuando más guapo estaba, ese país entró otra vez en una tremenda dictadura, casi peor que la anterior, salvando las distancias, porque la anterior dictadura se sabía lo que era, pero la de ahora estaba muy camuflada. Y era la dictadura de lo políticamente correcto. Y parece que todos somos muy libres, todos tenemos derecho a opinar, pero en realidad es todo mentira. Tenemos que tener mucho cuidado, por lo menos antes había censores, sabíamos qué era un censor. Ahora hay que tener mucho cuidado. Éste es un país divino, pero hay días que tienes que tener mucho cuidado con la boca.”

    Y este otro, tal vez un poco largo pero no deja de ser interesante.

    https://goo.gl/RpNJ2O

    Podemos llamarla dictadura de lo políticamente correcto o neocensura. Como dije al principio no creo que sea un invento de nuestros políticos, pero éstos se han apuntado al carro rápidamente porque hay “parroquia” para ello. Véase la guía contra el lenguaje sexista en Andalucía o lo de no poder llamar pilinguis a las pilinguis según el Ayuntamiento de Madrid.

    Pasando al siguiente nivel, no debe extrañarnos que determinadas expresiones (que no dejan de ser desafortunadísimas y reprochables) generen apelaciones a la autoridad competente para que actuen contra su autor.

    Creo que todavía está en los tribunales el Concejal Zapata por su chiste de malísimo gusto. Este señor es un absoluto impresentable y un “bocachancla” pero aclaró que nunca quiso ofender a nadie, pidió disculpas pública y privadamente y hasta la ofendida, Irene Villa, en un gesto de grandeza que la define muy bien, lo perdonó.

    Pero no. No vale. Hay que machacar.

    Vamos por muy mal camino…

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La Lectura de Ramón