Radar atenta contra la seguridad en el Tráfico

¿Qué pasa cuando un radar atenta contra la seguridad en el Tráfico? Sí, así de claro; ya no hablo de que esté situado de manera que busque recaudar sin más (que también), sino que, por la situación en que está, puede ser causa de accidentes. Tampoco hablo de los que simulan avería y se ponen en el arcén y también podrían ocasionar algún que otro disgusto (además de la multa). Es algo mucho más simple que eso, y aporto unas fotos que un lector de este blog ha tenido la amabilidad de enviarme, porque, lamentablemente, ante una situación de este tipo poco se puede hacer salvo denunciarlo en los medios y difundirlo lo más posible para que la gente se vaya dando cuenta del nivel moral de ciertas autoridades y de cuánto nos quieren.

Cuando un radar atenta contra la seguridad en el Tráfico, difundámoslo todo lo posible

A.Forns-Foto-Velocidad-Martorell-11.04.16-sin-Nº GOOGLE-Av.Comte.de.Llobregat.44-3 GOOGLE-Av.Comte.de.Llobregat.44-2

#Radar atenta contra la seguridad en el Tráfico

Radar atenta contra la seguridad en el Tráfico. Este es uno de los puntos donde ocurre.

El caso concreto al que me refiero: AP7 dirección Martorell. La vía termina en una curva a la izquierda y se une en dos calzadas con otra vía que viene de la derecha. La velocidad en ese punto es de 80 kilómetros hora. El problema es que si se coge el lateral de la derecha, la limitación es de 50 kilómetros hora.

Cuando uno circula por la AP7 a 80 kilómetros hora y tiene que desviarse a la derecha, para cumplir a rajatabla con las absurdas limitaciones, tendría que frenar bruscamente aunque lleve coches detrás y poder así entrar a 50 kilómetros hora en el carril de la derecha. Lógicamente eso es absurdo y no lo hace nadie porque se entiende que si vas circulando bien a 80, puedes entrar disminuyendo paulatinamente la velocidad hasta situarte en la nueva limitación de 50. Cualquier conductor prudente que quiera cumplir con las limitaciones de velocidad haría eso y pensará que lo está haciendo bien. El problema está cuando estos señores que tanto cuidan de nosotros ponen el radar justo en ese punto crítico en que se junta la vía de 80 con la de 50, de manera que al incorporarse, quien más y quien menos irá a 70.

Nadie se pone a 50 antes de incorporarse al lateral, y quien lo hace se arriesga a que le den un golpe por detrás, en especial en momentos de mucho tráfico.

¿Le importa eso a los señores de Tráfico?

¿Seguirán diciéndonos que no tienen carácter recaudatorio?

¿Tendremos que seguir creyéndonos eso de que lo hacen por nuestra seguridad?

Mi recomendación de siempre: Recurrir, incluso cuando no se tenga razón. Merecen que recurramos todas las multas; eso los colapsaría y muchas de ellas quedarían anuladas por defectos en los plazos.

Ramón Cerdá

 

Ramón Cerdá
Empresario - Sociedades Urgentes
Ontinyent, 1964

Fundador de GMC Asesoría de Empresas, SOCIEDADES URGENTES y Mi Libro en Papel, además de escritor, novelista, bloguero, editor y corrector de textos en EL FANTASMA DE LOS SUEÑOS.

Autor de LA HABITACIÓN DE LAS MARIPOSAS, HACIENDA [NO] SOMOS TODOS, LOS ELEMENTOS DEL ESTILO LITERARIO y otros muchos títulos.
Dejar un comentario?

2 Comentarios.

  1. A mí me quedará siempre la duda de si este tipo de cosas se producen por incompentencia o por un indisimulado propósito de recaudar.

    En este caso imagino que será a iniciativa del servicio de tránsito de la Generalidad de Cataluña pero imagino que en cuanto a exprimir al ciudadano, no se diferencian nada de la “centralista” DGT.

    ¿Qué hacer ante ésto? Podemos desahogarnos comentándolo en este blog lo cual esta muy bien y, sin duda, genera cierta tranquilidad constatar que no estamos locos y que hay más gente que ve lo mismo que vemos nosotros.

    Los radares no salvan vidas y el emperador está desnudo… ya sabe.

    Pero somos muchos a los que nos gustaría ir más allá. No digo romper radares y derribar Pegasus (que alguna vez se nos ha pasado por la cabeza) pero sí hacer algo que nos permitiera dejar de sentirnos vasallos y no ciudadanos.

Deja un comentario


La Lectura de Ramón