Pruebas de alcoholemia y políticos. Y otros agravios comparativos

Las pruebas de alcoholemia son cada vez más habituales. Insisten desde Tráfico en que el único objetivo es nuestra seguridad, pero es evidente que supone una importante recaudación que luego no revierte en esa seguridad de la que hablan. Las multas se tendrían que destinar a las mejoras de las carreteras, y si algo es evidente en estos últimos años, es que no se está invirtiendo nada.

Los políticos también sufren las pruebas de alcoholemia

#Pruebas de alcoholemia

Pruebas de alcoholemia. ¿Las sanciones son distintas dependiendo del infractor?

Se podría pensar que cuando paran a algún conocido podrían hacer la vista gorda (yo supongo que eso todavía ocurrirá, aunque dependerá de diferentes factores), pero es evidente que con los políticos no están haciendo muchas distinciones porque está siendo bastante habitual ver en las noticias que tal o cual político ha dado positivo en algún control.

Voy a comentar los dos últimos casos y lo que yo pienso al respecto:

La vicepresidenta de la Junta de Castilla y León, doña Rosa Valdeón dio positivo con 0,72 (el permitido es 0,25). Enseguida saltó la noticia a los medios. Y qué decir de las redes sociales, donde de inmediato se pedía la cabeza de esta señora y se exigía su dimisión inmediata. Personalmente no estoy en absoluto de acuerdo con eso. Dar positivo en 0,72 tiene unas consecuencias tasadas legalmente (pérdida de puntos o carnet y multa). Nada se dice en la normativa de que existan distintas penas en función de la importancia del personaje. Si me pillan a mí y me quitan el carnet ocho meses además de ponerme una multa de 1.000 euros (es un ejemplo porque no sé exactamente cuál es la sanción), eso mismo es lo que le tendrían que hacer a esta señora. Pedirle que además dimita, no me parece procedente. ¿O tendría yo que dimitir de mi cargo en la empresa?

Creo que nos exaltamos demasiado y pedimos mucha sangre, como si estuviéramos en un circo romano. Estoy de acuerdo en que al tener un cargo público se debe ser especialmente cuidadoso en las formas y hay que procurar dar ejemplo; eso no lo voy a discutir, pero de ahí a querer eliminar del plano político a una persona por una prueba de alcoholemia, va un trecho muy importante.

Voy a decir algo que sé que no se lo va a creer nadie, pero es la verdad: Ni siquiera sé de qué partido político es esta señora, o sea que mi opinión es totalmente imparcial. Opinaría lo mismo si hubiesen pillado a Rajoy, Rivera, Sánchez o Iglesias.

Se nos llena la boca diciendo que la ley tiene que ser igual para todos… ¿Por qué en un caso así queremos que sea distinta y peor para ellos? ¿Acaso es menos peligroso que bebamos nosotros a que beban ellos?

Al final ha dimitido y quienes pedían sangre estarán satisfechos. Yo no lo estoy.

Otro caso reciente y muy polémico ha sido el de José Antonio Moreno. En mayo triplicó el índice de alcohol en sangre y Ciudadanos decidió apartarlo de sus listas. Curiosamente ahora milita para el Partido Socialista. Yo solo tengo que decir una cosa:

A las personas hay que juzgarlas por su capacidad profesional para ejercer un determinado cargo. Pretender que finalice para siempre una carrera que podría ser exitosa por una prueba de alcoholemia no es justo.

Y no ocurre solo con lo de la alcoholemia. Soria ha tenido que renunciar a su cargo en el Banco Mundial porque no se le considera apto para representar a España porque tenía unas sociedades en Panamá. Unos días después se anunció que Almodóvar iba a representar a España con su última película. ¿Agravio comparativo? ¿Por qué uno sí que es válido para representarnos y el otro no? Y no, no estoy pidiendo que se retire a Almodovar de las nominaciones. Solo digo que no somos muy justos a la hora de determinar qué nos interesa y qué no.

El odio que se destila en las redes sociales no es positivo para nadie.

Todo esto me recuerda a una anécdota de cuando trabajaba en el concesionario de coches. A veces era inevitable que en el transporte de los vehículos nuevos alguno recibiera un pequeño golpe; o bien por el propio transportista, o incluso por las personas que los descargábamos. En cierta ocasión, un cliente que estaba esperando el suyo y que había llegado con una pequeñísima abolladura en la aleta trasera izquierda, se empeñaba en que lo devolviéramos a fábrica. Supongo que su intención era que se fundiera y se volviera a fabricar. Un completo desatino.

Pues algo parecido se está haciendo con los casos que he comentado; hay una pequeña abolladura que se puede reparar sin ningún problema y muchos preferirían la pena de muerte (o al menos la pena de muerte política).

Ramón Cerdá

 

Ramón Cerdá
Empresario - Sociedades Urgentes
Ontinyent, 1964

Fundador de GMC Asesoría de Empresas, SOCIEDADES URGENTES y Mi Libro en Papel, además de escritor, novelista, bloguero, editor y corrector de textos en EL FANTASMA DE LOS SUEÑOS.

Autor de LA HABITACIÓN DE LAS MARIPOSAS, HACIENDA [NO] SOMOS TODOS, LOS ELEMENTOS DEL ESTILO LITERARIO y otros muchos títulos.
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25 Comentarios.

  1. Pues yo si que estoy de acuerdo contigo Ramón porque la ley (en particular la penal) ya tiene previstas en algunos casos penas accesorias de inhabilitación para cargo público o sufragio pasivo. Pretender extender esos efectos a un sujeto concreto me parece irrespetuoso con el principio de igualdad ante la ley y con el principio de legalidad. En cuanto a pocas bromas con el alcohol, creo que nadie las ha hecho y en cualquier caso las penas previstas son bastante duras o el debate sería si endurecerlas más o bajar las tasas punibles pero no penalizar más a un sujeto que a otro. La función de prevención general debe darse por la propia redacción de los tíos penales y no por la aplicación de ese tipo penal de manera distinta a un sujeto o a otro ya que eso es arbitrariedad.

    • No es la Ley. La ley no es distinta. La dimisión no es una pena impuesta por la ley al infractor. Es una responsabilidad que si no se toma por iniciativa propia, se toma por iniciativa popular, la misma que le otorgó legitimación social se la retira por conducta socialmente reprobable. ¿o es que el pueblo solo es “soberano” (ja, ja) para elegir pero no para destituir…?. Moralmente debiera serlo igualmente ¡no!.

    • Lo de las «pocas bromas con el alcohol» ya lo he respondido yo porque ese comentario en concreto me ha molestado bastante, y no porque opine distinto a mí, sino por las formas y ciertos comentarios inapropiados que ya he respondido también.
      Creo que lo que yo he querido decir estaba bastante claro, como también es evidente que tenía razón al mencionar que la gente pide sangre en estos casos… No hay más que leer los comentarios que están cayendo apuntando todos hacia el mismo sitio.

  2. La ley es igual para todos y desde mi punto de vista para funcionarios y aforados que están protegidos por ley tendrían que estar más penados por el echó de estar más protegidos.
    De todas maneras si era buena en su trabajo no tiene porque dejarlo pero sí pagar más que el resto.

    • “Los funcionarios” no están más protegidos por la ley penal. Al contrario: tienen más delitos previstos, y es agravante (penas mayores) en otros.
      Y es que lo políticos pretenden que la gente crea que los cargos políticos son funcionarios… y no: desde el concejal al Presidente de Gobierno ello no les otorga la condición de funcionarios.
      Porque para ser funcionario se requiere unos estudios y aprobar una oposición sin tener antecedentes penales.
      Para ser cargo político, basta ser español/a mayor de edad y que no se tenga inhabilitación judicial… y que “alguien” te ponga en una lista electoral. O que “te nombren asesor”, para lo cual no hay requisito alguno… aunque estes cumpliendo condena (hay casos).
      Hay bastante diferencia.
      (Nota: la sra. de autos continúa siendo diputada… y aforada.)

      • Gracias por aclarar lo de los funcionarios, he estado muchos años equivocado.

        • Al contrario, gracias a vd.: demuestra no tener prejuicios.

          Aunque como D. Ramón dice: “la ley es igual para todos” es por lo que la pena a los mismos actos ha de ser igual para todos, y otra cosa bien distinta es la ejemplaridad exigible a los cargos políticos, que no precisa de una condena penal, sino de la propia integridad personal… de tenerla.

          El “quid” está en los famosetes que -habiendo de ser como todo quisque- pretenden trato de favor: ¿Recuerda vd. el “Yo también soy Messi”? La gente está muy mal de lo suyo…

          Gracias nuevamente.

  3. no estoy de acuerdo esta vez. Los cargos públicos al igual que los que somos padres tenemos un extra en el cumplimiento del derecho, de la misma manera que una autoridad que sanciona o acata una ley (juez, policia, etc..) . quizas no este tipificado ese “extra” pero no cabe duda de que entramos en valoraciones eticas y morales. Y si pudieramos demostrar que este o aquel cargo público ha utilizado su posición como autoridad para beber alcohol y confiar en su “impunidad” ya que ” yo soy el alcalde o mengano o el jefe de policia” y a mi nadie me va a hacer soplar. Todos sabemos que en este pais el colectivo de autoridades que mejor conduce en la carretera es la Guardia Civil, ya que es el colectivo menos denunciado. Ahi lo dejo,

    • Usted como padre tiene ese extra de obligación moral, pero si le pillan en un control le caerá la misma multa que a alguien que no sea padre. Creo que eso es lo único que he dicho yo (no sé si se ha interpretado otra cosa): que la sanción debería ser la misma para esta señora que para usted… o para mí.
      Por cierto, no voy a ser yo quien defienda a la guardia civil, pero conozco al menos un caso en el que le cayó una gorda por alcoholemia a un agente veterano después de salir de una boda. Y tampoco pretendía en este artículo hablar de a quién hay que hacer soplar y a quien no. Si hay que soplar, que soplen todos, pero las multas han de ser iguales para todos. O que hagan como con los conductores noveles y los no noveles y que sean más «duros» con los políticos si es eso lo que se quiere, pero mientras la ley no lo diga, no veo que tengamos que pedir mayores consecuencias a unos que a otros. Aunque pidamos mejor ejemplo.

  4. Te equivocas; y con el alcohol al volante pocas bromas.

    1º.- Tú eres abogado y sabes perfectamente que a esta señora no se le ha aplicado pena distinta de la que establezca la ley, de hecho, conforme al procedimiento, hasta ahora, lo único que se le habrá hecho es denunciarla y ahí tiene, a su disposición, las alegaciones y recursos procedentes si le interesan… así que no populeemos.

    2º.- Seguro que conoces la diferencia entre “potestas” y “auctoritas” y sabes que la primera (que podemos traducir como “fuerza o capacidad legal de tomar decisiones”) en su acepción latina es tributaria de las fuerzas del orden, ejercito, del ejecutivo en su aspecto funcional…, mientras que la segunda, la “AUCTORITAS” que es una forma de legitimación social que procede del saber, de la valía, de la capacidad moral para emitir opiniones cualificadas que son valoradas por la comunidad con una fuerza moral innegable, es tributo del legislador, del ejecutivo en su aspecto institucional y del político en general.

    Pues bien, quien pretenda tal tributo, tal AUCTORITAS, no basta con que lo merezca, sino que además a de parecer que lo merece, “…como la mujer del Cesar”. Quien pretenda tal legitimación social, tal fuerza moral debe, no solo respetar las leyes por él mismo dadas o, en su caso, ejecutadas, y cumplir la pena derivada de su infracción, sino que además está sometido al juicio público de aquellos que le invistieron de aquella legitimación social y padecer la reprobación que se le infrinja.

    Además, en este caso, sabes que a la vicepresidenta “la han” dimitido de su cargo ejecutivo –seguro que a sus correligionarios no le gustaron las críticas públicas al nombramiento de Soria que hizo esta señora días atrás, y se han cobrado la pieza, ya sabemos cómo funciona esto…– PERO NO HA DEVUELTO SU ACTA DE DIPUTADA, ESA QUE LE OTORGA LA LEGITIMACION SOCIAL… así que tampoco hay proceso de arrepentimiento ni contrición.

    3º.- La laxitud o tolerancia respecto al alcohol al volante, al estilo Aznar: “quién eres tú pa decirme cuantas copas puedo tomar…” me parece repugnante y si no, se lo dices a los padres de la niña de 4 años muerta el pasado 16 de mayo de 2016 por un conductor borracho en Girona… y no digo que tú lo defiendas… digo que hay que ser cuidadoso con lo que se dice o crítica cuando hablamos de estas circunstancias porque no tiene parangón una “pequeña abolladura” con un incidente de tráfico con un conductor que da el triple de la tasa de alcohol permitida, que podría haber causado la muerte de ella y de otros usuarios de la vía… ¡cómo iría “la pava” que tras –como mínimo– rozar a un camión en marcha mientras le adelantaba… afirma: “no me enteré…!

    4º.- En cuanto a que no sepas de qué partido es la “Vicepresidenta del Gobierno de Castilla León” ¡hombre…! ¿ni por curiosidad lo has mirado….? Excusatio non petita…

    “El odio que se destila en las redes sociales no es positivo para nadie”…¡probablemente! Pero todos somos “Red” ¿no…? Y si te interesa comentar un caso en el que el odio –no de las redes sociales, porque no existían sino de determinados medios de comunicación…– dio, injustamente, al traste con la carrera política de un hombre respetuoso con la AUCTORITAS que detentaba… te invitó a que lo hagas respecto a Demetrio Madrid López, primer presidente de Castilla León, a quién ante el escándalo por una presunta venta ilegal de la empresa familiar Pekus, el entonces líder de la oposición en la comunidad autónoma, José María Aznar (el de las copas que me de la gana), exigió con vehemencia la dimisión del responsable del Gobierno. El 29 de octubre de 1986, la Audiencia Territorial de Valladolid decidió dictar auto de procesamiento contra Demetrio Madrid a raíz de la querella criminal presentada por varias trabajadoras de Pekus que consideraron que la venta del taller textil había lesionado sus derechos laborales. Ese mismo día, Madrid presentó su dimisión en la Cámara Regional. El 18 de diciembre de 1989 comenzó el juicio contra el ex presidente en el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León por un presunto delito social y el 10 de enero de 1990 el Tribunal lo absolvió de todos los cargos (www.mcnbiografias.com). NADIE SE HIZO ECO DE ESTA RESOLUCIÓN.

    Salvo mejor opinión

    • A ver, don Juan Carlos, no me molesta que la gente no opine como yo, pero me molesta bastante su comentario en líneas generales porque no es una respuesta adecuada a lo que yo he dicho:

      1.- Yo no creo haber defendido en ningún momento que haya que ir con bromas con el alcohol. ¿O lo he dicho? Todo el artículo se refiere a que entiendo que la ley hay que aplicarla igual, sea uno un ciudadano cualquiera de la calle o un político.

      2.- Usted dice que se le ha aplicado la misma. Yo eso no lo discuto, yo critico lo que se está diciendo en las redes sociales pidiendo sangre y diciendo que tiene que dimitir necesariamente. A esa distinta manera de aplicar (o de querer que se apliquen) las leyes me refiero. No a que ningún juez la haya condenado más duramente que a otro ciudadano.

      3.- Lo de excusatio non petita… Yo no me excuso de nada. No lo necesito. No es a mí a quien han parado en el control. Sé que usted no es nuevo en este blog, así que sabe perfectamente que no critico o dejo de criticar por ser de un partido o de otro (quizá usted sí y por eso le cueste de entender mi postura). Y no, ni siquiera lo he buscado por curiosidad… porque no tengo ninguna al respecto. Y me da igual si se lo cree o no se lo cree.

      4.- Y de verdad, me molesta que gente como usted me diga de qué tengo que opinar y de qué no. Opino de lo que me apetece y hacerlo de una cosa no me hace estar obligado a hacerlo de otra porque este blog no tiene cuotas ni necesita equilibrar posturas por el qué dirán. Sobre eso ya escribí un artículo que quizá usted leyó: http://elblogderamon.com/nadie-esta-obligado-a-opinar-de-todo/

      Y bueno, no sé si mi opinión es mejor que la suya, pero lo que está claro es que hablamos de cosas distintas. Si quiere rebatir lo que yo digo, tendrá que hablar de lo que yo hablo y no de cosas distintas. Da la sensación de que yo esté defendiendo que se conduzca con alta graduación alcohólica, y piense lo que piense al respecto (que tampoco tengo por qué decirlo si no me apetece), aquí no he dicho tal cosa. O sea, que no he hecho ninguna «broma».

      • Pues lamento que le moleste pero… el que ha comparado el incidente de conducir con el triple de tasa de alcohol con el de una pequeña abolladura al descargar un coche no he sido yo, así que, por supuesto que ud. no lo defiende, lo tengo claro, lo que digo es que la comparación –entiendo que irreflexiva o involuntaria en su ánimo– lo banaliza.

        Si yo digo que se está aplicando la misma ley a todos y ud. no lo discute …¿de qué estamos hablando? Pero es que ud. afirma que para poder pedir la “dimisión” de alguien (que no su sangre…!!) hay que cambiar la ley…. ¿desde cuándo, porqué…?

        Reconozco que creo que el leitmotif de sus comentarios no es de carácter partidario ni partidista y que tienen más que ver con lo que ud. piensa de las cosas en afinidad con su libre (y siempre interesante, ya lo ve) opinión, pensamiento, filosofía o ideología (que me es indiferente, por otra parte…), pero siendo ello así, y sabiéndolo sus incondicionales (entre ellos yo), porqué recordar su imparcialidad en este comentario?. ¿Ha sentido la necesidad de hacerlo? porque a mi sí me ha llamado, ya ve, la atención… así que, ha sido ud. el que ha abierto esa puerta; no se moleste ahora porque haya entrado por ella.

        Libremedios de decirle yo a ud. de qué, cómo, cuándo o dónde quiere o puede opinar. Nunca, ni en éste ni en ningún otro comentario cometería tal dislate. Al contrario, ya le he parafraseado en otras ocasiones lo de que “aunque no comparta sus opiniones, defenderé siempre su sagrado derecho a expresarlas…” Por lo tanto no atiendo su crítica al respecto porque no puede referirse a mí.

        Y finalmente, sí que hablamos de lo mismo, solo que opinamos distinto. A ud. no le parece oportuno el plus de exigencia que se le quiera exigir a la auctoritas y acusa a las redes por ello, de “pedir sangre” o lo que es lo mismo, no le parece bien que se le exija un plus especial de responsabilidad por sus actos comunes a los del resto de mortales… pues mire, en eso radica la diferencia y…, parece la línea mayoritaria de los comentarios, en esta ocasión.

        Cualquier opinión puede ser mejor que la mía, por eso siempre las dejo a salvo de la mía…

        • Matizaré simplemente lo que usted interpreta como necesidad de justificar mi imparcialidad. En realidad no es exactamente así aunque entiendo que se pueda interpretar de ese modo. Si hubiera sabido en qué partido milita esta señora seguramente no hubiera hecho ningún comentario (fuera el que fuese), pero al estar escribiendo el texto y ser consciente en ese mismo instante de que ni siquiera conocía el partido en cuestión, me ha parecido interesante hacer la mención. Evidentemente el comentario tenía doble filo y en eso no había pensado.
          Soy partidario de exigir el buen ejemplo, y también de criticar que una persona con un cargo público haga según qué cosas, pero no puedo ser partidario de su ejecución sumaria (la del cargo me refiero, no de la persona). En definitiva, no comparto que se exija la dimisión, ni en este, ni en otros muchos casos.

          • Pues al margen de la sana discrepancia, agradezco su explicación, queda mejor entendido, al menos por mi parte.
            Gracias.

  5. En este caso, me temo, creo que no vamos a estar de acuerdo.
    La ley, precisamente por ser igual para todos, debe tener en cuenta las circunstancias particulares y una persona que ostenta una responsabilidad de gobierno debe mostrar EJEMPLARIDAD.

    No se trata, por supuesto, de comportarse como un inquisidor e ir buscando cualquier minucia para descalificar y pedir dimisiones. La cuestión es que esta señora, aunque directa y personalmente no haya tenido nada que ver, forma parte del “cuerpo político” que de unos años a acá se dedica a apretarnos las tuercas a los ciudadanos. Y con nosotros no hay clemencia ni margen de tolerancia.

    Me doy cuenta que nos estamos marchando más allá de la sanción administrativa que le van a poner y parece que queremos más. Pues… sí. Queremos más. Por ser quién es ¿Quién vigila a los vigilantes?

    Nosotros, los ciudadanos, dependemos de ellos. Por eso necesitamos confiar en ellos. Es difícil ponerse en manos de alguién que ha quebrado esa confianza imprescindible.

    Si hay cierta tendencia a pedir sangre (no en sentido literal, por supuesto) es porque los ciudadanos estamos ya tan hartos y tan indignados que es consecuencia natural.

    • Habría que cambiar entonces las leyes, ¿no? ¿O es válido entonces que nos tomemos la «justicia» por nuestra cuenta? No he encontrado en la ley que se diga que si uno es político debe dimitir.
      Si hay que cambiarlas… que se cambien, pero mientras no se cambien, todos tendremos que ser iguales.

      • No me he explicado bien.

        La ley ha de ser igual para todos y cada cual debe afrontar sus responsabilidades; sean administrativas, civiles o penales sin distinción de clase o condición.

        Pero un alto cargo que ha jurado o prometido cumplir y hacer cumplir la Constitución, en el momento en que quebranta una ley quebranta también su compromiso y se produce una pérdida de confianza.

        Al DESAPARECER LA CONFIANZA debe ser cesado salvo que tenga la dignidad de dimitir a iniciativa propia. Estamos hablando de autoridades, no de funcionarios que hubieran ganado su plaza por oposición.

        Estos últimos podrían ser objeto en casos graves incluso de inhabilitación o de separación del servicio. Pero no estamos en este caso sino el de una persona que ha sido designada directamente.

        En todo caso podríamos discutir el umbral de tolerancia que, como decía anterioremente, está bastante bajo dado el panorama generalizado de corrupción en que vivimos.

  6. el cualquier país europeo o en USA, habría dimitido a los 5 minutos, no se por qué en este país bananero tiene que ser diferente, es como los que roban no es lo mismo que robe un político que uno de la calle a través del ordenador el político por tener posibilidad según el cargo que tiene tendría que tener doble de pena que el de la calle, aquí todos en la calle y aforaos es el único país del mundo que tiene 10.000 aforados es un caso único, como únicos son sus pobladores votando a un partido que está plagado de presuntos delincuentes y otros delincuentes dicho por los jueces,.

    • Por esa misma regla de tres americana, no sé por qué aquí no tenemos instaurada la pena de muerte. Y de paso se la aplicamos a los políticos que dan positivo en alcoholemia. Así nos aseguramos de que no reincidan.
      En Europa no todos dimiten, precisamente.

  7. – “La Procuradora de las Cortes de Castilla y León” no ha dimitido: mantiene empleo, suelo… y afora-miento.

    – Un amigo mío dio positivo por unas decimillas (“lo normal” de las reuniones familiares de Navidad)… la retirada de carnet en lo peor de la crisis le supuso perder su empleo de camionero, y sin paro. Es lo que hay..

    – Los políticos deben predicar con el ejemplo. Aunque sea en España.

    (www.elcastellano.org/palabra/candidato)

    • Disculpen la errata: es “sueldo” (Y no precisamente un SMI. Ni dos.)

    • Lo del ejemplo también lo he dicho yo, pero la condena no puede ser mayor, entre otras cosas porque la ley no lo dice y la ley (decimos) es igual para todos. Pero está claro que solo cuando nos interesa. A veces los políticos se la aplican a su manera (porque les interesa a ellos), pero de igual modo los ciudadanos a menudo exigimos que se les aplique mayor pena que a nosotros, y eso es tan injusto como lo otro. Sé que en eso no coincidiremos jamás y que tenemos un sentido de la justicia muy distinto (se deja entrever en cada uno de sus comentarios; incluso en los que parece darme la razón), pero nunca admitiré como válidas las «peticiones» de sangre que a menudo surgen en las redes cuando un famoso (depende del tipo de famoso, eso sí, porque n o es lo mismo un futbolista que un torero) o un político comete una falta o delito.

      • Creo que ambos sabemos en qué consiste “objetivamente” la justicia distributiva y la retributiva. Otra cosa es que a cada cual le duela que le toquen “a los suyos”. 😉

        Dado que los políticos “se hacen” su justicia, no necesitan que ni vd. ni yo les defendamos, llámense E. Aguirre (ya no existen las faltas) o E. López (el del TC es un cargo político, no judicial): no hay ni “igualdad de trato”.

        Y creo que a todos nos j. que se les indulte. O que se les adelanten las libertades, siquiera sean vigiladas. O que “penen” en casi-hoteles en lugar de en trenas, etc.

        Porque es patente la exigencia de honestidad a los políticos españoles no coincide con la existente en el resto del mundo… y ya de la “autoexigencia” mejor ni hablamos.

        Respecto a los famosillos y famosetes, también comparto su opinión: P. ej., a Isabel Pantoja no se le ha de tratar como una reina… pero tampoco peor que a nadie.

        • «Otra cosa es que a cada cual le duela que le toquen “a los suyos”».
          ¿A qué se refiere? Yo no soy político, y ya he dejado claro que opino lo mismo sea del color que sea. Aquí (como en el resto del blog), yo no defiendo a nadie por ser de un partido u otro. Eso, a estas alturas, creo que ya lo he demostrado sobradamente.

          • Evidentemente, me refería al sentimiento que tiene “cada cual” de lo que es la Justicia (en abstracto y no “el de vd. en particular”, cuya pasión por ella nos consta a todos, y que comparto): exactamente lo que me comentaba de que “tenemos un sentido de la justicia muy distinto”.

            En modo alguno quise afirmar que vd. tenga bando, toda vez que jamás ha hecho pronunciamiento por ninguno. De todos modos, disculpe si “pisé algún callo”: soy antifrontista y odio tanto encasillar… como que me encasillen.

            P.S. La Procuradora (diputada) de las Cortes (el Parlamento) de Castilla y León “de la cual hablamos” es del PP (¡Viva el vino!) pero seguro el resto de los casos son de cualquier otro partido.

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La Lectura de Ramón