Más sobre los menores emancipados

Muchas dudas he generado desde que he empezado a escribir sobre la posibilidad o no de que un menor de edad pueda ser administrador. Hay opiniones opuestas, aunque la mayóría parecen apuntar a que no es posible. Tanto los Notarios consultados como alguno de los lectores de este blog apuntan hacia la imposibilidad de tal nombramiento dado que un menor emancipado no puede asumir créditos ni deudas, con lo cual eso aparentemente lo hace incompatible con el ejercicio del cargo de administrador sin limitaciones.

Pero lo curioso del tema es el cambio que hace algún tiempo hubo en la literalidad de la Ley Consursal y en la de Sociedades Anónimas que ahora habla de “menores no emancipados” y antes simplemente hablaba de “menores”.

¿A qué se debe el cambio? se preguntaba uno de nuestros lectores, si no se quería expresamente autorizar a los menores emancipados para la aceptación del cargo de administrador.

Un comentario de otro lector anónimo nos hizo mirar en otra dirección, y aunque este lector opina que no cree que un menor emancipado pueda ejercer el cargo de administrador, lo cierto es que siguen habiendo dudas.

Concretamente me refiero ahora a la legislación foral aragonesa que dice textualmente:

Artículo 30. Efectos de la emancipación.

1.- La emancipación habilita al menor para regir su persona y bienes como si fuera mayor, pero necesitará la asistencia que previene el artículo 20 y, en su defecto, la de su curador para:

a. Realizar los actos enumerados en el artículo 12

b. Repudiar atribuciones gratuitas.

c. Aceptar el cargo de administrador en sociedades de cualquier clase.

2.- El menor emancipado podrá por sí solo comparecer en juicio.

Obsérvese el punto c que claramente habla de que podrá aceptar el cargo de administrador. Personalmente empiezo a creer que la legislación española (no foral) ha querido decir lo mismo pero no ha sido tan explícita, con lo cual genera más confusiones.

Por lo tanto, y aunque el cargo de administrador no se puede limitar, quizás en estos casos y teniendo en cuenta las limitaciones que por la edad tendrían los menores emancipados, quizás, y sigo diciendo quizás porque no queda claro del todo, y los notarios consultados siguen diciendo que un menor emancipado no puede ser administrador, pues eso, quizás sí que pueda serlo y simplemente en los casos en que deba endeudar a la sociedad y asumir créditos, necesite de la asistencia prevista de los padres o del curador.

Seguiré informando en este blog de las novedades respecto a este asunto y de nuevo agradeceré cualquier colaboración de mis lectores que puedan aclarar el asunto.

Ramón Cerdá

p.d.- hay una contestación pendiente de recibir del Consejo General de los Registros y el Notariado realizada al respecto por un Notario conocido nuestro que tal vez acabe con las dudas.

 

 

Ramón Cerdá
Empresario - Sociedades Urgentes
Ontinyent, 1964

Fundador de GMC Asesoría de Empresas, SOCIEDADES URGENTES y Mi Libro en Papel, además de escritor, novelista, bloguero, editor y corrector de textos en EL FANTASMA DE LOS SUEÑOS.

Autor de LA HABITACIÓN DE LAS MARIPOSAS, HACIENDA [NO] SOMOS TODOS, LOS ELEMENTOS DEL ESTILO LITERARIO y otros muchos títulos.
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1 Comentarios.

  1. Rafael Corral

    1.- El artículo 323 CC es imperativo y de orden público, todos los demás de las leyes mercantiles han de respetarlo.

    2.- Los actos que recaen en cabeza del menor emancipado administrador no son los concluidos como administrador de la Sociedad, pues actúa en tales negocios como representante.

    3.- Sólo recae en cabeza del menor emancipado administrador su propia responsabilidad estatutaria/contractual con los Socios y extracontractual con los acreedores sociales, lo que requerirá dolo y negligencia. Esta responsabilidad no tiene encaje en ninguno de los supuestos del 323 CC, pero cabría pensar que la ratio legis es que si no puede endeudarse directamente no puede tampoco llegar a responder de endeudamientos ajenos cuyo monto pueda tener que atender por vía de responsabilidad orgánica, y ello tanto para para préstamos y créditos como para las demás operaciones del 323 CC.

    4.- Todavía para los actos otorgados en nombre y representación de la Sociedad y que, salvo responsabilidad como administrador, no le perjudican, cabe argumentar que si el 323 CC considera que no tiene capacidad para sí mal habría de aceptarse que la tiene para ejecutar el negocio en nombre de otro. Aquí habría de matizarse si el 323 CC es una norma de pura protección del menor y su patrimonio, de modo que queda a cuenta y riesgo de quien así lo desea encomendar tales negocios a un menor emancipado, o si contiene una norma que niega tal capacidad absolutamente. En este punto la existencia de consentimiento y curatela, y no de representación legal, permitirían una norma afirmativa, pero, como diré en el último número, la vía afirmativa está cortada por otras consideraciones.

    5.- El parágrafo 166 BGB aclara, ante el silencio de nuestro CC, cómo se distribuye la buena y mala fe conocimiento y los vicios y capacidad entre poderdante y apoderado, y puede tomarse como paradigma. Parágrafo 166 BGB: “Vicio de la Voluntad. Imputación del Conocimiento. En la medida en que las consecuencias jurídicas de una declaración de voluntad se ven afectadas por vicios de la voluntad, o el conocimiento o deger de conocimiento de determinadas circunstancias, NO SE TOMA EN CONSIDERACION A LA PERSONA DEL REPRESENTADO SINO LA DEL REPRESENTANTE”. Esto es, la limitación de capacidad del 323 CC habría de aplicarse a la Sociedad como propia.

    6.- Este último efecto supone que, si bien la Sociedad no tiene limitación y el cargo de Administrador Social tampoco, concurre aquí una limitación ex lege y de orden público que no puede soslayarse de acuerdo con su carácter y con la doctrina general sobre representación expuesta. Aquí la teoría general civil y del derecho de la persona se imponen sobre el especial Derecho Mercantil: la limitación debe ser honrada y ello produciría la inaceptable consecuencia de una Sociedad capada por razón de la especial edad de su cargo administrador, así como un administrador con facultades limitadas ex lege.

    7.- Por otra parte, y en relación a la posibilidad de perjudicarse el menor emancipado, si se le admitiera como administrador, todos los negocios que éste concluyera sin expresar su condición de tal generarían su responsabilidad propia e individual, (mala fe, dolo).

    8.- Por todo ello el menor emancipado no puede ser Administrador Unico ni Administrador Solidario. Sólo cabría admitir al menor emancipado como uno de los Administradores Mancomunados o formando parte del Consejo de Admnistración, siempre que, como dije, no se interprete que la limitación del 323 CC lo es tano por el acto directo como por la responsabilidad que puede llegar a asumirse personalmente por razón de uno de los negocios allí contemplados aun cuando hubieran sido concluidos entre patrimonios ajenos.

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