Los taxis de la droga

Los taxis de la droga, también conocidos como «cundas» son un fenómeno bastante reciente, una de esas cosas que malsuceden cuando la sociedad se pone a la deriva. Es difícil saber quiénes son los responsables (o quiénes somos) de que este tipo de cosas sucedan. ¿Es la marginación social? ¿Es el paro? ¿Por qué hay quien se deja llevar por las drogas abandonando cualquier posibilidad de vivir dignamente? ¿Si no tienen para comer, cómo pueden gastar tanto en drogas? Es una paradoja, algo que no entiendo pero que es real, está ahí delante de nuestras narices, y eso sí que no es nada nuevo, quizás lo de los taxis de la droga sea reciente como fenómeno sociológico, pero lo de la droga ya viene de lejos.

¿El problema son los taxis de la droga o la venta de droga?

Cuando estas actividades se acaban concentrando en lugares muy concretos, pueden acabar completamente con un barrio o con una ciudad. Los vecinos de Embajadores en Madrid lo están sufriendo en primera mano y piden soluciones. Y no es que sea un problema solo de ese barrio, lo que ocurre es que logísticamente parece el ideal para concentrar el fenómeno de la distribución de drogas, para, desde allí, llevar a sus «clientes» a lugares totalmente degradados y dejados de la mano de Dios, como la Cañada Real Galiana.

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¿Son apropiadas las medidas contra los taxis de la droga?

La solución no sé cuál es, pero quizás las medidas precipitadas no lo sean. Por lo que sé, el Ayuntamiento de Madrid ha autorizado a la Policía Municipal a intervenir los coches que «supuestamente» se dedican al peculiar transporte. ¿Es esa la medida adecuada? En primer lugar, si intervienen uno de esos vehículos antes de saber lo que se iba a hacer, es anticiparse a un supuesto delito, que puede que ni siquiera lo sea. Tal vez sea una falta administrativa eso de llevar a alguien de un lugar a otro en un pseudotaxi sin la debida licencia, pero hasta donde se sabe, los que llevan a esta gente en sus coches ni siquiera se dedican (o no está demostrado) al narcotráfico, solo acercan a gente que necesita desplazarse, y seguramente porque los taxistas prefieren no ir a ciertos lugares o transportar a cierto tipo de gente.

No defiendo los taxis de la droga, tampoco a los narcotraficantes, pero la solución no es intervenir por las bravas vehículos que aún no han iniciado el trayecto presuponiendo que lo que van a hacer es precisamente eso, cuando ni siquiera transportan drogas, sino personas. Puede que el problema no esté en Embajadores, sino en los destinos, en los barrios marginales donde ocurre todo eso. Ahí es donde deberían concentrarse las actuaciones, no en el transporte. El ayuntamiento debería preocuparse de que ciertos barrios o zonas de la ciudad no se deteriorasen, aunque hay que admitir que parece una tarea imposible, y quizás por eso sea más fácil de cara a la galería, autorizar a la Policía a que intervenga unos coches en un lugar todavía relativamente seguro como es Embajadores, antes que enviarlos al foco del problema a investigar quién mueve la droga y de dónde viene.

¿Lo han hecho solo para taparles la boca a los vecinos de Embajadores? ¿De verdad es esa la solución? Yo no solo no lo entiendo así, sino que creo que se pueden estar vulnerando los derechos de ciertas personas con este tipo de actuaciones.

Ramón Cerdá

Ramón Cerdá
Empresario - Sociedades Urgentes
Ontinyent, 1964

Fundador de GMC Asesoría de Empresas, SOCIEDADES URGENTES y Mi Libro en Papel, además de escritor, novelista, bloguero, editor y corrector de textos en EL FANTASMA DE LOS SUEÑOS.

Autor de LA HABITACIÓN DE LAS MARIPOSAS, HACIENDA [NO] SOMOS TODOS, LOS ELEMENTOS DEL ESTILO LITERARIO y otros muchos títulos.
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