LEY ANTITABACO A GOLPE DE MARTILLO

No voy a entrar en una disertación sobre los derechos de los fumadores, ni sobre los de los no fumadores, que ambos colectivos tienen derechos. Lo que sí que puedo decir es que nunca he apoyado actitudes unilaterales de prohibición. La actual Ley Antitabaco que prohibe fumar en los centros de trabajo y en multitud de lugares públicos, me parece ya lo suficientemente severa como para que ahora quieran dar otro paso y erradicar el tabaco de la faz de la tierra. Los totalitarismos nunca han sido buenos, y si alguien puede elegir libremente entre ir a un restaurante donde se pueda fumar, o ir a otro donde no se pueda fumar, creo que es algo que se debería de seguir respetando.

De todos modos mi artículo quiero que vaya más allá de tabaco sí o tabaco no, lo que quiero reflejar aquí, es que con este tipo de medidas tomadas en un despacho (quien sabe si lleno de humo) se decide el destino de muchas empresas y puestos de trabajo.

Pondré unos ejemplos:

1.- Se quiera admitir o no se quiera admitir, si nadie va a poder fumar después de comer o de cenar en un restaurante… la gente irá menos a los restaurantes. Eso no es bueno para la economía ni para el empleo, ni para la recaudación de impuestos.

2.- Si se prohíbe fumar en todos los espacios públicos, eso quiere decir que en ningún sitio (salvo los estancos) se podrá vender tabaco. Por una parte quita negocio a empresas que ahora lo tienen, y se carga de un plumazo a los que venden o arriendan máquinas expendedoras de tabaco porque no van a tener donde colocarlas. Su destino será la chatarra. Eso tampoco es bueno.

3.- Como el fumador seguirá fumando y no podrá comprar tabaco fuera del horario comercial de los estancos, se generará una especie de “mercado negro” en el cual, inmigrantes sin papeles venderán tabaco por la calle como si de droga se tratase. Ese tabaco puede que no tenga un origen legal, con lo cual el Estado dejará de recaudar unos impuestos más que importantes. Eso tampoco es bueno.

4.- Cuando salió la primera parte de esta ley antitabaco, muchas empresas tuvieron que adaptar sus instalaciones a base de costes importantes. ¿Quien les resarcirá ahora de ello con tanto capricho legislativo?

¿Por qué no dejamos en paz a los fumadores y que fumen al menos en los lugares ahora autorizados? Si todo lo que nos molesta lo legislamos para acabar con ello, al final no quedará nada, porque lo que a uno le molesta, es un placer para otro, y no estoy ahora hablando solo de fumar. Hay muchas cosas con las que  en un “país democrático” como se supone que es el nuestro, debería de haber una mayor tolerancia.

En la primera fase de la Ley, pude leer a la entrada de un bar:

“En este establecimiento se puede fumar…
y que sea lo que Dios quiera”

No legislemos tanto y vivamos más (…y dejemos vivir)

Ramón Cerdá

Ramón Cerdá
Empresario - Sociedades Urgentes
Ontinyent, 1964

Fundador de GMC Asesoría de Empresas, SOCIEDADES URGENTES y Mi Libro en Papel, además de escritor, novelista, bloguero, editor y corrector de textos en EL FANTASMA DE LOS SUEÑOS.

Autor de LA HABITACIÓN DE LAS MARIPOSAS, HACIENDA [NO] SOMOS TODOS, LOS ELEMENTOS DEL ESTILO LITERARIO y otros muchos títulos.
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La Lectura de Ramón