La cultura del chivatazo

Chivatazo

Cada vez se promueven más las denuncias ciudadanas en todos los ámbitos

Me ha sorprendido la reciente noticia por la cual (creo que de momento solo en Cataluña) se publicarán ciertos datos de escolares para que el resto de padres pueda tener acceso y denunciar si encuentra alguna irregularidad en la solicitud de matrícula. Es sabido que en muchas ocasiones se realizan empadronamientos ficticios con el fin de poder tener acceso a determinado centro escolar. No defiendo esta práctica, pero como siempre, detesto la cultura del chivatazo; me parece que no es la fórmula adecuada para luchar contra lo fraudulento y las cosas deben hacerse de otra manera. Debe lucharse contra el fraude, este o cualquier otro, pero debe hacerse desde la administración y por personas encargadas de ello. Darle ciertos instrumentos o información a la gente para que entre todos «investiguemos» y denunciemos prácticas incorrectas, es rastrero y genera unos comportamientos indignos. Por otra parte siempre hay a quien se le suben los humos cuando tiene en su mano la posibilidad «legal» de fastidiar a alguien, y estas cosas acaban teniendo un mal uso.

En un mundo tan informatizado como el nuestro hay maneras mucho mejores para atajar las conductas fraudulentas sin tener que acudir a la vox populi. Además, ¿por qué trasladar a la ciudadanía la responsabilidad de que se descubra o no el fraude?

Ramón Cerdá

Ramón Cerdá
Empresario - Sociedades Urgentes
Ontinyent, 1964

Fundador de GMC Asesoría de Empresas, SOCIEDADES URGENTES y Mi Libro en Papel, además de escritor, novelista, bloguero, editor y corrector de textos en EL FANTASMA DE LOS SUEÑOS.

Autor de LA HABITACIÓN DE LAS MARIPOSAS, HACIENDA [NO] SOMOS TODOS, LOS ELEMENTOS DEL ESTILO LITERARIO y otros muchos títulos.
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3 Comentarios.

  1. Opino igual, gran verdad.

  2. Estimado Ramon,

    Su comentario me ha recordado dos momentos históricos en las cuales el Estado se sirve del chivato: la Cuba castrista y el Tercer Reich (hijos denunciado a padres desafectos al régimen…).

    Pero en nuestro caso la delación no se establece para el «control ideológico» sino que sólo es el triste resultado del desmantelamiento del Estado: la responsabilidad de que la legislación se cumpla se le evita a la Administración y «se le imputa» a los propios ciudadanos. Así, todo malfuncionamiento de los poderes públicos sólo será achacable al afectado, y no podrá reclamarse cumplimiento ni indemnización a ningún estamento político (Gobiernos varios, Diputaciones, Ayuntamientos…).

    Lo que le decía el otro día: quieren hacer de la «patrulla vecinal» la panacea universal…

    Y no, no somos partidarios del intervencionismo estatalista, sino tan sólo de poner las cosas en su sitio: sólo al poder ejecutivo corresponde hacer cumplir la legalidad, y el «ius punendi» es exclusivo del Estado: hacer dejación de las funciones estatales no es liberalismo, es anarquía.

    (PS: En este sentido, en Cataluña y otras regiones Franco reinstauró el «somatén», que la II República había abolido. Fue nuevamente disuelto por el Senado en 1978 -aun se mantiene oficialmente en Andorra-: Merece la pena echarle un vistazo a su actuación.)

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