Estancos, se dan cuenta ahora de sus restricciones a la libre competencia

Creo que a estas alturas nadie debería ignorar que los estancos, de toda la vida, han actuado como una especie de monopolio cerrado en el que cada uno se reparte su pequeño territorio. A lo largo de los años han cambiado algunos de sus requisitos, pero sigue siendo un negocio cerrado al que no puede acceder cualquiera.

Estancos: la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia «detecta» ahora un «amplio catálogo de restricciones a la competencia»

… y «echa en falta un análisis amplio y comprensivo del conjunto de instrumentos de política pública en el sector del tabaco». «A ello no ayuda, sino más bien lo contrario, la dispersión de órganos encargados de la aplicación de la normativa».

#estancos

¿Es conveniente conservar la legislación restrictiva de los estancos?

Sigue diciendo que la legislación crea «barreras a la entrada de nuevos operadores», barreras que «no están debidamente justificadas en cuanto a su adecuación a los principios de regulación económica eficiente y mínima distorsión competitiva».

La CNMC recomienda que se estudien las restricciones legales desde un punto de vista de necesidad y proporcionalidad para que afecte lo menos posible a la libre competencia. Sus palabras apuntan directamente a la línea de flotación del actual (y ya histórico) monopolio de distribución minorista del tabaco.

Pero como ocurre en todos los aspectos de la vida, todos queremos plena libertad para lograr lo que queremos, pero cuando hemos conseguido saltar una barrera (en el caso de los estanqueros, cuando han logrado, por fin, disponer de un estanco en propiedad), nos entra el virus conservacionista, nos sube la fiebre y, no solo defendemos las barreras que antes nos molestaban, sino que intentamos reforzarlas desde el interior cada vez más. Al fin y al cabo, si estamos dentro… hemos de defender las murallas contra el enemigo.

Y eso es lo que han hecho los estancos, o mejor dicho, los estanqueros: acusar a la CNMC de ignorantes por atacar al monopolio.

Dicen desde los estancos: «El tabaco, por motivos sanitarios y económicos, es de máxima importancia para los estados por su fuerte carga fiscal y por la responsabilidad que conlleva el control de un producto muy vigilado sanitariamente por sus consecuencias para la salud, como se advierte en las propias cajetillas. Perder el control de en torno de más de 9.110 millones de euros anuales en recaudación, sería de todo punto una irresponsabilidad máxima para cualquier gobierno».

Pero la pregunta sigue estando en el aire: ¿Son correctas y necesarias las restricciones a la libre competencia en este sector?

Ramón Cerdá

 

Ramón Cerdá
Empresario - Sociedades Urgentes
Ontinyent, 1964

Fundador de GMC Asesoría de Empresas, SOCIEDADES URGENTES y Mi Libro en Papel, además de escritor, novelista, bloguero, editor y corrector de textos en EL FANTASMA DE LOS SUEÑOS.

Autor de LA HABITACIÓN DE LAS MARIPOSAS, HACIENDA [NO] SOMOS TODOS, LOS ELEMENTOS DEL ESTILO LITERARIO y otros muchos títulos.
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13 Comentarios.

  1. Parece que los estanqueros tenemos que autoflagelarnos por tener un estanco.
    Por mi como si me abren otro al lado, en realidad es como si ya lo tuviera, aunque no figura como estanco, sólo es un bar que vende tabaco de contrabando claro. Y desde el punto de vista del cliente está más que claro, como el estanquero gana «demasiado» dinero y es un ávaro, compro el tabaco de contrabando al lado, me cuesta más barato (aunque sólo unos céntimos, no se vaya a acostumbrar la clientela), les vacilo a mis amigos de que compro de contrabando y aquí ganamos todos. Al estanquero y a hacienda que les den, total el primero es un privilegiado y el segundo sin comentarios (en España la primera ley universal es: «Si puedes estafar a Hacienda, hazlo»).
    Ya firmaría yo por que pudieran poner todos los estancos que quisieran, pero a cambio, que me dejaran total libertad con los precios, con los márgenes, con la promoción de mi producto, con la relación con mis proveedores, con la venta libre en cualquier lugar, etc. etc. etc.

  2. «A lo largo de los años han cambiado algunos de sus requisitos, pero sigue siendo un negocio cerrado al que no puede acceder cualquiera.»
    Que las plazas sean limitadas no quiere decir que no pueda acceder cualquiera, de hecho alguien que no sea un «cualquiera» no elige esta profesión. Eso si, ser el dueño de toooodos los estancos sí que podría suscitar el interés de algún «no cualquiera». (Todo apunta que es a lo que vamos… y a paso ligero.)
    Usted habla de quienes regulan las normas de los estancos, pero se refiere a ellos como «los estanqueros» ¿es por ignorancia?

    • Sí, es por ignorancia o por haberme expresado mal. Está entendido. Gracias por participar en el blog. En cuanto a lo de «cualquiera», en ningún momento lo digo con carácter peyorativo, aunque puede que pudiera haberme expresado de mejor manera.

  3. Buenos dias Ramón. Curioseando por internet me he encontrado con este interesante artículo tuyo. Después de leer los comentarios he pensado que quizás podría aclarar un poco el tema de los estancos desde el punto de vista de un estanquero.
    Tener un estanco no es tener un negocio propio, tener un estanco es como ser un funcionario o un franquiciado. Lo que yo poseo no es un negocio, es una licencia, una concesión para poder vender tabaco, ni más ni menos. Esa concesión me la otorga el «propietario» real del negocio, es decir, el estado, que es el que me suministra el producto para la venta. Yo solo soy como un franquiciado, y como todos sabéis una franquicia no abre cincuenta establecimientos en un mismo lugar, los reparte como más le conviene.
    A mi en particular no me importaría que liberalizaran el sector (de entrada yo partiría con ventaja al tener una clientela hecha, más experiencia, etc.), pero claro, la liberalización conlleva otras cosas más que la simple libertad de abrir estancos. De entrada los precios tendrían que ser libres también. La distribución mayorista tendría que ser libre, La forma de pago tendría que ser libre, y libre tendría que ser el estanquero de publicitar o promocionar su estanco.

    A modo informativo os dejo algunos ejemplos de las normas que rigen el sector minorista:
    No puedo realizar «ningún» tipo de marketing de mi negocio, ni siquiera en mis propios escaparates.
    No puedo modificar los precios ni un céntimo (ni al alza ni a la baja).
    No puedo expandir mi estanco, por supuesto.
    No puedo elegir libremente a mis proveedores.
    No puedo vender mi producto más allá de un radio determinado.

    Con esta regulación, es imposible una liberalización justa y equitativa. Mis beneficios no dependen en ninguna manera de mí, dependen del porcentaje que me da el propietario.
    En definitiva, con todo esto no creo que se pueda considerar un estanco como un negocio propio del estanquero, por lo tanto el monopolio minorista no existe, simplemente es una cadena de venta de un monopolio mayor, el del estado.

    • Muy interesante. Gracias por tus comentarios.

      • leer para escribir.

        Sr. Cerdá: creo debería documentarse mejor antes de escribir sobre temas tan complejos.

        • Esto es un blog de opinión y doy mi opinión, tan válida como la de usted. Dejo abierto el tema para que todo el mundo participe y diga en qué estoy acertado y en qué no. Un comentario como el suyo (que no voy a eliminar), no aporta nada. Si dice lo que dice es porque piensa que estoy equivocado: diga en qué y por qué y así nos ayuda a todos. Incluso puede que así pueda escribir otro artículo mejor y más fundamentado.

          Gracias por su participación.

          • aclarar para no ofender

            Porque redunda usted en el tópico «estanquero superprivilegiado» (es absurdo, ya nadie que sea mínimamente observador se cree eso) y habla de un mercado enorme (creo que casi el 3% del PIB), muy complicado de entender con muchos y muy diversos operadores de diferentes sectores y dimensiones… es como si hablara del funcionamiento de la ONCE (por poner un ejemplo) y apunta como único responsable de todo al ciego de los cupones. Le doy la razón en una cosa: «o falar non ten cancelas».

  4. otro de los privilegios de los franquistas,parece mentira que el partido falangista popular sea quien se plantee el tema, o lo ven muy mal o preparan el terreno para el que venga después que le explote en la cara

  5. Ni correctas ni necesarias y acuden a falacias para justificarse.
    Beberse una botella de salfumant te mataría, en cambio lo puedes comprar en cualquier supermercado de barrio

  6. A mi esto me recuerda un chiste de Mafalda. Están hablando de la propiedad privada y le preguntan a Susanita si cree en ella. Antes de contestar, agarra los juguetes, los pone detrás suyo y en posición de guardia dice ¿la propiedad privada de quien? Nos parece bien mientras no afecte a lo nuestro. Lo mismo con los monopolios. No los quiero, salvo aquellos de los que me aproveche yo.

    • Lo que más llama la atención de estas cosas, no es lo que uno defiende, sino el cambio de criterio automático cuando ha llegado a tener un acceso a un grupo. No digo que a mí no me haya pasado nunca, pero no soy especialmente tendente a ello. Lo he observado mucho en las asociaciones profesionales; los que están fuera y quieren entrar, critican el hermetismo y su difícil acceso, pero los que entran, lejos de aprovechar su entrada para intentar abrir puertas, de inmediato se cierran en banda y, si por ellos fuera, no solo no facilitarían la entrada, sino que cerrarían las puertas para que nadie más lograra acceder. Supongo que es algo muy humano.
      Yo he entrado en varias de estas asociaciones después de serios esfuerzos y no me ha gustado lo que he visto del otro lado. Puede que por eso haga ya tanto tiempo que no pertenezco a ninguna.

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La Lectura de Ramón