Discurso del odio y libertad de expresión

Antes de entrar en condenas judiciales creo que debería clarificarse qué se considera discurso del odio, porque eso es muy relativo. Me parece que la libertad de expresión es algo tan sumamente importante que condenar expresiones porque puedan considerarse «discurso del odio» puede acabar siendo contraproducente.

¿Qué es realmente discurso del odio?

#discurso del odio

Condenar el discurso del odio es caminar sobre la cuerda floja

No lo sé, y pienso que nadie lo sabe, no está específicamente explicado en ningún sitio, es algo subjetivo y por lo tanto complejo de definir. Yo soy el primero al que no le gustan muchos de los comentarios que se ven en Facebook o en Twitter a diario, o incluso en televisión, de hecho hace poco hablaba de ese asunto en relación con lo de los comentarios contra el torero fallecido. Pero una cosa es que no me guste y que incluso lo critique, y otra muy distinta es que apoye que se prohiba tajantemente y comencemos a ver condenas de cárcel por según qué comentarios. Creo que podemos entrar en una espiral nada deseable y cada vez se condenarán más cosas hasta llegar a cercenar la libertad de expresión.

Lo digo porque recientemente el Tribunal Supremo se ha pronunciado por vez primera sobre la difusión de mensajes enaltecedores del terrorismo en Twitter, condenando a un año de cárcel a María Lluch Sancho por humillación a las víctimas de ETA a través de su cuenta @melodalger [sandía].

El Supremo determina que las expresiones de esta usuaria de Twitter entraban dentro de eso que nadie sabe exactamente qué es: «Discurso del odio», no quedando por lo tanto protegidas por la libertad ideológica o libertad de expresión.

Yo discrepo a la vez que considero de muy mal gusto estos ataques verbales en las redes sociales; ambas cosas son compatibles. Creo que es más cuestión de educación que de justicia.

Aunque la decisión del Tribunal Supremo me pueda parecer desacertada, lo cierto es que reduce la que previamente había dictaminado la Audiencia Nacional que era de dos años.

Insisto: Poner los límites a esto es muy complejo, acabaremos cargándonos la libertad de expresión… Aunque quizá sea eso lo que estamos buscando entre todos para acabar viviendo anestesiados.

 

Ramón Cerdá

 

Ramón Cerdá
Empresario - Sociedades Urgentes
Ontinyent, 1964

Fundador de GMC Asesoría de Empresas, SOCIEDADES URGENTES y Mi Libro en Papel, además de escritor, novelista, bloguero, editor y corrector de textos en EL FANTASMA DE LOS SUEÑOS.

Autor de LA HABITACIÓN DE LAS MARIPOSAS, HACIENDA [NO] SOMOS TODOS, LOS ELEMENTOS DEL ESTILO LITERARIO y otros muchos títulos.
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13 Comentarios.

  1. Ramón, al igual que estaré de acuerdo contigo en muchas de tus opiniones, en esta o por lo menos en parte de esta NO.

    A ver, yo soy firme defensor de la libertad de expresión pero ello me permite mantener el tono discordante sobre algunas opiniones que entiendo deben ser castigadas y con menos libertad para comentarlas.

    No se debe jugar,escribir y en realidad “masacrar” mediante la palabra escrita o dicha a las victimas del terror. ¿Acaso si debemos dejar que se expresen así los sanguinarios escondiendo esa terrible forma de hablar detrás de la libertad de expresión?

    En mi humilde opinión deben castigarse esas “exageradas formas de definir una idea”…no olvidemos que cientos de miles sufren y sufrieron por ello.

    La norma debería respetarse.

    Y si no…¿Por qué al grito de “viva la libertad de expresión” procuran provocar,insultar y ensalzar la muerte?…No tiene lógica aunque lo lógico, eso si, es que yo pueda estar equivocado.

    • No es que estés equivocado. A mí tampoco me gustan esas expresiones. Lo que ocurre es que si las queremos combatir de este modo acabaremos generando el efecto contrario y, por otra parte, utilizarán esa represión contra los que no nos expresamos violentamente pero podemos resultar igual de incómodos en según qué casos. Es una espiral nada deseable. A eso me refiero; mejor ser tolerantes con esta gente y no crear mártires.

  2. Lo más grave es que creo que ellos saben que como delito de odio estas actuaciones con un buen abogado acabarán normalmente en archivo (siempre que no entren en la injuria o la calumnia) pero de esa forma se crea el miedo a opinar. Es penoso.

    • Ese es el problema, la política del miedo, el que todos acabemos callando porque no sabemos si estamos sobrepasando algún límite. Y puede que ese, y no otro, sea el verdadero objetivo de estas cosas.

  3. Estoy de acuerdo con usted en que para poner coto a ésto deberían bastar lo que antes se llamaban “buenas costumbres” porque esto del odio viene de antaño.

    El odio es un sentimiento y como tal bastante difícil de regular jurídicamente pues nada puede impedir que odiemos, como nada puede impedir que amemos.

    De ahí a que lleguemos a causar daño moral o físico, supongo que va un trecho en la mayoría de los casos, a menos que seamos unos psicópatas o radicales de cualquier signo.

    Como tampoco deberíamos dejar que el pendulo de la opinión pública determine cuando el mal gusto se convierte en delito.

    Ahora mismo se me ocurren varias decenas de chistes racistas, homófobos, machistas y antisemitas. Tan de mal gusto y tan inapropiados como se quiera.
    Los he contado y me he reído con ellos cuando otros los han contado.
    Y no ha pasado nada. No me he convertido en un anti-social, no soy violento, ni incito a nadie a serlo.

    Desde luego nunca los contaría si supiera que quién me está escuchando se puede sentir ofendido y sólo en entornos muy íntimos y de confianza.
    Pero esto es de sentido común, y no necesitamos ni Internet ni leyes políticamente correctas para hacerlo así.

    Aunque parece que eso ya no vale. Hay que ser políticamente correcto en todos nuestros actos si no queremos que nos señalen con el dedo y algunos pidan incluso medidas judiciales.

    • Personalmente estoy harto de eso, de lo «políticamente correcto». Yo, como usted, intento no ofender nunca a nadie, pero creo que estamos perdiendo el norte. Debería reinstaurarse aquello de la urbanidad y dejar de un lado otras tonterías. Gracias por sus palabras. Yo también me he reído más de una vez de algún chiste de esos que usted dice… y tampoco ha pasado nada.

  4. Creo que la libertad de expresión tiene sus límites perfectamente configurados y básicamente.en los tipos penales de injurias y calumnias, no en los mal llamados delitos de odio figura que me resulta especialmente extraña ya que el odio puede ser un móvil para la Comisión de un delito pero creo que no es susceptible de ser un delito en si mismo y por tanto puede tener cabida (aunque no parece correcto) en las agravantes a lo sumo.

    • Por eso digo que antes de ponerse a condenar jurídicamente el discurso del odio, habría que definirlo muy bien… Y no que sea algo tan sumamente interpretable.

      • Lo más grave es que creo que ellos saben que como delito de odio estas actuaciones con un buen abogado acabarán normalmente en archivo (siempre que no entren en la injuria o la calumnia) pero de esa forma se crea el miedo a opinar. Es penoso.

        • . Ese es el problema, la política del miedo, el que todos acabemos callando porque no sabemos si estamos sobrepasando algún límite. Y puede que ese, y no otro, sea el verdadero objetivo de estas cosas.

  5. Yo creo que una cosa es la libertad de expresión y otra el discurso del odio. Yo lo tengo clarísimo y los tribunales parece que también. Por ejemplo: es libertad de expresión, “No me parece bien que en una universidad haya capillas de una confesión religiosa ya que es un sitio donde debe haber una absoluta libertad de cátedra” (todo es opinable y admisible). Es discurso del odio: “entrar en la capilla católica de la universidad y gritar al mismo tiempo que se desnudan, se interrumpe el servicio religioso y se empuja al sacerdote, “¡ardereréis como en el 36!”. Resultado: condena de los tribunales a la portavoz del Ayuntamiento de Madrid, de Podemos, Rita Maestre.

    La Auiencia Nacional ha dicho por trecera vez que Zapata (concejal de Podemos en el Ato de Madrid) debe ser procesado por ataque o vejación a las victimas del terrorismo en su tweet donde decía que “Irene Villa debía ir al cementerio de las niñas de Alcaser a por repuestos…” ,o de odio (por racismo), al decir que dos millones de judiós caben en el cenicero de un seiscientos…

    • Amigo Manuel, creo que está confundido. Por supuesto, lo de entrar en una capilla, desnudarse y gritar… debe ser delito. Pero no por la opinión que expresen, sino por el acto en sí. Si eso mismo se limitan a decirlo en las redes sociales, por mucho que no nos guste, deberíamos de tolerarlo.

  6. José Antonio Gracia Percebal.

    Es que me tienes enganchado!!!

    Libertad de expresión… Pienso que desde hace mucho tiempo gracias a los mass media, los únicos que se expresan son lo que transmiten sus opiniones a través de ellos. El resto, las personas normales, lo único que hacemos es “tragar” lo que vemos y nos dicen.

    A mí, que he sido profesor de comunicación, lo que me preocupa cada vez más es la libertad de pensamiento, porque cuando las opiniones a las que tenemos acceso están limitadas a aquellas que domina el poder de turno… “la habitación donde reside el pensamiento individual” es cada vez más pequeña.

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