Carteles ofensivos para la Iglesia católica

Yo soy de los que piensa que uno se ofende solo si quiere, y si no, pues ni falta que hace. Lo de los carteles ofensivos (y ahora hablo de la última polémica de las dos vírgenes besándose) es muy relativo, como los símbolos en general y las banderas. Nos ofendemos con demasiada facilidad… y sin ninguna necesidad. Es una pérdida vacía de energía.

El cartel en cuestión es incluso estéticamente aceptable (buen o mal gusto de fondo aparte), aunque entiendo que pueda molestar, pero lo cierto es que ha tenido el efecto deseado. Otro cartel hubiera pasado desapercibido y con ello la protesta implícita también habría pasado desapercibida; de este modo todo el mundo (incluso yo) habla de ello. ¿Podemos decir entonces que el diseñador se ha equivocado? Yo no diría tanto.

Carteles ofensivos… ¿Siempre contra la Iglesia católica?

#Carteles ofensivos

Carteles ofensivos. No es la mejor manera de defender un derecho.

Una de las cosas que se recriminan es que se haya usado, otra vez, la imagen de la Iglesia católica, acusando a sus promotores de no atreverse con un cartel basado en el Islam (¿A que no hay huevos?… Como diríamos en el patio del colegio). Puede que tengan razón, pero ¿por qué no verlo desde otro punto de vista?: La Iglesia católica (y sus practicantes), en general, y a pesar de radicalismos y muchas, muchas excepciones, son sin duda más tolerantes que la versión islámica. ¿No es así? ¿Y qué mejor manera de demostrarlo que no haciendo crítica sangrante de ello?

El cardenal arzobispo Antonio Cañizares no ha argumentado esta tolerancia (algo muy católico eso de la tolerancia y que, al menos cuando yo era pequeño, nos enseñaban en el catecismo); en cambio habla de profanación: «la grave profanación». Propone un acto de desagravio que consistirá en el rezo del rosario y una misa en la catedral. Tampoco es que eso me parezca mal (ni bien), pero insisto, equivoca el discurso (o el sermón en este caso). Tendría que hablar de tolerancia y no de agravio.

Cañizares también ha dicho que el cartel «hiere profundamente los sentimientos de los católicos valencianos y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad». Yo no estoy de acuerdo, o mejor dicho, sí que lo estoy porque parece ser que es cierto, pero no debiera. El católico, el verdadero católico, debería perdonar sin más, sin devolver las piedras al tejado vecino. Eso enaltecería a la Iglesia, no los cabreos ni los insultos.

Dicho todo lo anterior, añadir que me resulta bastante indiferente, tanto lo del movimiento gay como la polémica del cartel, pero que si hubiera sido yo el diseñador, no hubiera ido por ese camino porque creo que entra en el terreno del mal gusto. Usar la imagen de las vírgenes para eso no me parece apropiado (como tampoco me parecería apropiado usar nada del Islam), ni es oportuno ofender a nadie para defender otra cosa. Pero de ahí a empezar la guerra… pues tampoco. Estas cosas me recuerdan demasiado a la política y, sinceramente, estoy hasta el moño de la política últimamente.

¿Cómo era?

Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden…

Ramón Cerdá

Ramón Cerdá
Empresario - Sociedades Urgentes
Ontinyent, 1964

Fundador de GMC Asesoría de Empresas, SOCIEDADES URGENTES y Mi Libro en Papel, además de escritor, novelista, bloguero, editor y corrector de textos en EL FANTASMA DE LOS SUEÑOS.

Autor de LA HABITACIÓN DE LAS MARIPOSAS, HACIENDA [NO] SOMOS TODOS, LOS ELEMENTOS DEL ESTILO LITERARIO y otros muchos títulos.
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8 Comentarios.

  1. Determinadas personas, buscan cualquier disculpa para atacar a la Iglesia Católica. Está en su ADN. Sin embargo son muy tolerantes con los regímenes que ahorcan a los gays de una grúa y los exponen cómo mueren en un estadio para escarnio y ejemplo público. No les importan que les financien y guardan silencio ante tamaño crimen, no sólo de homofobia sino contra los derechos humanos.

    Monseñor Cañizares ha dicho lo que públicamente dice la Iglesia, y por cierto casi todas las religiones, que la ideología de género es un disparate y no está en consonancia con la religión católica. Pero a nadie se le obliga a ser católico. Ni se le mata por no serlo, como está escrito en el Corán que hay que hacer con los infieles. Ni se le declara la condena de la Sharia.

    Ante tal ataque a sus creencias y símbolos, como el del cartel, se limitan a rezar un rosario pacíficamente. Lo que quieren algunos es que además abjuren de sus creencias. Una cosa es ser moderado y otra tibio, que no es lo mismo. Tibio para un cristiano es sinónimo de pusilánime, pasota, no comprometido. Y la Biblia cristiana dice lo que les espera: Los tibios no entraran en el cielo, (Apocalipsis 3:15,16)

  2. antoniogarcia72

    En los tiempos que corren, la iglesia pierde una ocasión de oro para mostrarse tolerante aunque crítica (esta en su derecho) respecto a otras religiones, y dar una lección de convivencia a la sociedad.

  3. José Antonio Gracia Percebal

    Permiteme que con todo respeto te haga el siguiente comentario.

    “Sembrao, has estao esmbrao”

  4. Efectivamente es un tema de tolerancia o más bien de falta de ella.

    Esos carteles (que ni conocía, por cierto) como católico me parecen ofensivos y no me gustan. Pero esa es mi opinión.
    Pero cuando luego el Cardenal Cañizares habla del “imperio gay” se monta la de San Quintín. Conste que no comparto las palabras del Cardenal ni en el fondo ni en la forma; pero tampoco me parece sensato atribuirle un “delito de odio”.

    Porque la definición de delito de odio es tan amplia y tan difusa que, realmente, puede ser cualquier cosa. Estamos, de hecho, en plena “dictadura de lo políticamente correcto”

    No me consuela pensar que el fenómeno es internacional y no autóctono pero me temo que normalmente en España somos capaces de integrar, mejorar y evolucionar toda aquella forma de recortar las libertades que descubramos.

    En algunos países (creo que ya también en España) la negación del holocausto es delito. No entro a opinar sobre ello, pero no sé si por defender las libertades, vamos a acabar con ellas. Creo que la libertad para decir públicamente lo que uno piensa, aunque sea una ordinariez o una estupidez es clave para vivir en democracia.

    Le invito a leer este artículo que me parece muy apropiado para el tema.

    http://internacional.elpais.com/internacional/2015/12/10/actualidad/1449762127_863196.html

    • Estoy más de acuerdo con usted de lo que pueda pensar:

      1.- Yo no calificaría de delito de odio las palabras de Cañizares. Es un sinsentido.
      2.- Si busca en el blog, seguro que encontrará algo sobre lo de negar el holocausto. A mí me parece una atrocidad que sea un delito negar su existencia. Yo puedo opinar lo que quiera, como puedo opinar que es mentira que nadie haya pisado la luna. Y si quiero publicar un libro que defienda esa inexistencia del holocausto argumentando mi opinión… ¿por qué no voy a poder hacerlo? Lo que ocurre es que no somos tan libres como a veces pensamos.

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