No son momentos para ponerle más trabas al dinero negro

Está claro que el Gobierno debe de intentar que se genere el menor volumen de dinero negro posible. El motivo es muy sencillo: A más dinero negro, menos bases imponibles para recaudar impuestos.
Ahora bien, la solución, y menos en los momentos actuales de crisis y recesión económica, no es poner impedimentos a la circulación del ya preexistente.
¿Cual es la situación actual? Evidentemente hay crisis, provocada no se sabe muy bien por dónde ni por quién porque teorías hay tantas como interlocutores, pero lo cierto es que las empresas van cerrando, el paro está en aumento, y el stock inmobiliario ha alcanzado unas cifras que impiden cualquier reactivación posible en un corto espacio de tiempo.
Pero el dinero no se ha terminado de la noche a la mañana y muchos son los que disponen todavía de ciertas cantidades (más o menos grandes) de dinero en efectivo fuera de circulación.
Si en la situación actual que han bajado los precios inmobiliarios, el Gobierno no se metiera con quien compra inmuebles, se producirían algunos efectos muy positivos para la economía:

1.- El stock inmobiliario se reduciría porque habría más compradores propicios a la compra que no necesitan crédito bancario que es una de las mayores trabas actuales.

2.- Ese dinero que ahora está agazapado y sin servir para nada, entraría en circulación, y, o bien se canalizaría a través de entidades bancarias que aumentarían su liquidez y podrían empezar a prestarlo de forma más ágil, o seguiría por fuera del cauce bancario produciendo riqueza. El vendedor del inmueble compraría otras cosas o pagaría deudas que tiene pendientes por no haberlas podido pagar antes y se iría generando una cadena de compras y pagos hasta alcanzar el consumo base que se vería incrementado al poco tiempo.

3.- Al ir reduciéndose el stock inmobiliario, el sector tardaría menos en reactivarse, primero porque se necesitaría construir más viviendas, y segundo porque el ambiente tormentoso de la crisis que sobrevuela nuestras cabezas parecería aclararse aunque fuera un poco, con los efectos psicológicos positivos que sin duda eso ejercería con el consumidor de a pie.

Pero no, el Gobierno es orgulloso, y prefiere mantener ese dinero fuera de circulación, inservible y cogiendo moho, antes que admitir que se la han colado y alguien no ha pagado impuestos.

¿Estoy pidiendo una amnistia fiscal?

Desde luego pienso que no sería una mala idea, pero hay otra salida más, llamémosla, elegante:

Siempre se ha dicho que al enemigo no hay que humillarlo y que hay que dejarle una salida para que pueda huir con cierta dignidad. El enemigo en este caso parece ser que son las bolsas de dinero negro. Pues bien, bastaría con que el Gobierno no insistiera con leyes y reglamentos cada vez más persecutorios que generan un bloqueo inevitable de ese dinero. Ya desde que salió todo lo relacionado con el blanqueo de capitales la cosa se puso mal para el que disponía de efectivo y lo quería gastar en algo más que hacerse unas copas por la noche en algún pub, pero es que recientemente se ha publicado otro reglamento (el 1/2010) que aún pone las cosas peores.

Los notarios cada vez han de comunicar más cosas en sus escrituras sobre el origen de las formas de pago, y cuando no se identifican deben de comunicarlo al Consejo General del Notariado. Los bancos igualmente han de comunicar cada vez más historias sobre movimientos de efectivo. ¿A qué lleva todo eso? A cerrarle las puertas de reentrada a un dinero que ahora sería estupendo que volviera a invadir como agua de mayo el circuito bancario o extrabancario cambiando de manos fluidamente y sin miedo.

Con mentes así de cerradas dirigiendo nuestros designios, lo de salir de la crisis cada vez es más complicado. Cada vez hay menos gente con dinero para gastar, y los que lo tienen no pueden sacarlo de la cartera. Me parece una estupidez.

Ramón Cerdá

RD 1/2010 texto íntegro

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