¿Por qué sigue valiendo más la palabra de un Guardia Civil que la de un ciudadano corriente?

Continuamente ocurre que cuando recibimos una multa de Tráfico con la que no estamos conformes, al recurrirla, el procedimiento suele ser muy simple y seguir uno de los siguientes criterios:

1.- Te contestan una carta tipo en la cual simplemente no aceptan las alegaciones, sin rebatirlas en modo alguno. Vamos, que ni se las leen.

2.- Dicen que han pasado las alegaciones al agente, quien se ratifica en el contenido de la denuncia, y por lo tanto todo sigue igual. Y que no me digan que lo estudia, la ratificación es “de oficio” porque otra cosa sería decir que se han equivocado.

La tercera opción, que al menos en primera instancia creo que no se utiliza nunca, ni en casos flagrantes, es que nos den la razón como recurrentes. He sido testigo de casos muy llamativos y he sufrido en persona otros, y siempre es la misma historia, si el agente dice que ha visto algo (por absurda que sea su visión), su palabra es la Ley y ya da igual lo que uno diga. Si cuando nos entregan la denuncia nos negamos a firmar, es el otro agente quien firma como testigo, con lo cual nadie les puede discutir.

Como ciudadanos, hemos de asumir que el agente: Todo lo ve, todo lo entiende, nunca se equivoca, es omnipotente y omnipresente, tiene el don de la ubicuidad si las circunstancias le obligan a ello, y es capaz de juzgar la actuación de cualquier ciudadano in situ, sin necesidad de jueces ni de nadie más. Además de eso, puede ir hablando por el móvil, aparcar en zona prohibida, incluso si es zona azul, de minusválidos, una rotonda, o en un cruce donde quita visibilidad al resto de los usuarios, también podrá ir a la velocidad que le dé la gana y hacer todo tipo de maniobras peligrosas.

Pero hay casos que son tan sumamente injustos e increíbles que no entiendo cómo pueden llegar a producirse. Ya he mencionado alguno que me ha tocado de muy cerca aquí en el blog, y que se ha ganado, pero después de varios recursos y de presentar todo tipo de pruebas, pruebas que no en todos los casos se pueden presentar porque simplemente no existen, ¿cómo demuestra alguien que no iba hablando por el teléfono si el agente de turno asegura haberlo visto con sus propios ojos?

El caso al que ahora me refiero es bastante reciente y es precisamente de una multa por ir hablando por el móvil. Cuento los hechos tal cual los he visto reflejados, si bien en este caso yo no he participado en ningún modo.

Se trata de un sordomudo con capacidad auditiva igual a cero, o sea, completamente sordo. Circula por la carretera y se cruza con unos agentes de la Guardia Civil, los cuales, según observa por el retrovisor, dan media vuelta y lo siguen hasta rebasarlo y obligarlo a detenerse, lo cual ya es exagerado de por sí. El sordomudo no entiende nada, ni siquiera sabe lo que le dicen ni puede explicarse, pero los agentes lo identifican y no dudan en ponerle una multa por hablar por teléfono.

Lógicamente se presentan las alegaciones pertinentes adjuntando el certificado médico que justifica su minusvalía, y se alega que NUNCA ha tenido teléfono móvil (evidentemente no lo necesita).

Pues nada, el caso ha tenido que llegar a Tribunales, después, eso sí, de haber pagado la multa con recargo para evitar el embargo de la cuenta bancaria. Olvidaba decir que al sujeto en cuestión le han quitado tres puntos del carnet. La verdad es que tengo curiosidad por saber cómo terminará la cosa. Imagino que el Tribunal le dará la razón al recurrente, pero ¿qué medidas se tomarán en la Jefatura de Tráfico de cara al agente que suscribió la multa? ¿Quién pagará los gastos del abogado? Y a todo eso habrá que esperar dos años largos o incluso más. Una pena.

 

Ramón Cerdá

Ramón Cerdá
Empresario - Sociedades Urgentes
Ontinyent, 1964

Fundador de GMC Asesoría de Empresas, SOCIEDADES URGENTES y Mi Libro en Papel, además de escritor, novelista, bloguero, editor y corrector de textos en EL FANTASMA DE LOS SUEÑOS.

Autor de LA HABITACIÓN DE LAS MARIPOSAS, HACIENDA [NO] SOMOS TODOS, LOS ELEMENTOS DEL ESTILO LITERARIO y otros muchos títulos.
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7 Comentarios.

  1. Conozco casos de todo tipo (algunos realmente sangrantes), pero siempre mantendré que la presunción de veracidad, por muy necesaria que pueda ser así, a las bravas, es una barbaridad.

    Está claro que todos podemos equivocarnos, pero también está claro quien se va a llevar la peor parte. Y suponer que alguien no se pueda aprovechar de la presunción de veracidad es mucho suponer, por mucha placa que uno tenga. Más hoy con la necesidad económica que hay y cuando multar se premia.

    Y que las alegaciones no sirven absolutamente para nada también se lo digo.

    En cuanto a J. Díaz, decirle que vive un poco fuera de la realidad. El problema no es hablar por hablar ni hablar de más, el problema es la carencia de información. El caso no es quejarse porque sí, vaya a cualquier despacho que le hablará de casos flagrantes. No sé si este será uno de ellos, pero yo conozco y he presenciado algunos para avergonzar a más de uno.

  2. ¡Saludos!
    Antes que nada, recuerden que “lo sucedido”, “lo publicado” y “lo referido” acaban no siendo ni parecidos (acabo de leer una anécdota “actual” referida al matrimonio Obama que en realidad le ocurriera a Thomas Wheeler y esposa hace décadas…).

    Hagan la prueba: busquen en internet “Absuelto el conductor ciego que fue detenido por ir a 154 k/h”. La noticia es real, la absolución también. Sólo la comentaré a petición popular.

    Y ahora: como “cada cual cuenta la feria como le fué”, lo mismo ocurre con la Administración de Justicia: que funciona exactamente el 50% de las ocasiones, depende si lo cuenta quien ganó o quien perdió =)
    Tenemos un afiliado que propone lanzar una moneda al aire para decidir los pleitos: sería más rápido y barato…¡y nadie se podría quejar! Razón no le falta, pero no vamos a recomendarlo.

    La “presunción de veracidad” escuece: puede no ser justa, pero es práctica y necesaria, pues la autoridad no puede -vanamente- discutirse (y en temas de tráfico “siempre tenemos razón”), y además es útil porque evita litigios si no hay otra manera de dirimirlos (es decir: no es que “el agente siempre tiene la razón”, sino que se le supone un poco más de razón que al que se queja, que por algo es agente de la autoridad y profesional en la materia).
    Si hay pruebas en contrario, el agente se la envaina: o cometió un error (lo más habitual en humanos) o actuó de mala fe (y entonces es delito).
    El caso se quejarse, porque nuestra es la razón: si se le dotara de todos los medios de grabación audiovisual veríamos que la queja sería por vulnerar la privacidad (es caso real), etc.

    Recabo información “sobre el suceso referido” y obtengo como resultado una declaración de la magistrada del Jdo.Contencioso nº 1 de León (E) y los siguientes datos (¡pónganlos en cuarentena!): “Un discapacitado auditivo total de nacimiento y que sufre de minusvalía del 70 % para hablar, vive una pesadilla tras ser multado por ir hablando por celular en la ruta, entre las localidades españolas de León y Garrafe. Aparentemente el hombre conducía mientras lo estaba usando cuando fue sorprendido por una patrulla… etc.”

    Llama mi atención que el sordo ya habla, que se afirma que los agentes de la GCT vieron su permiso de conducir (manejar) y que se afirma que el conductor no tiene “celular”… Yo lo más que veo es que no usa el “manos libres”

    En el permiso consta indefectiblemente que esa persona tiene tal incapacidad, y el vehículo ha de estar adaptado. No cabe error. (Y que ese sordo no oirá una sirena ni el grito de alguien que le avise de que un niño está tras su coche, no es el tema que nos ocupa.)

    Es decir: dos agentes (no uno) ven a un conductor sordo usando un celular… pero nosotros ya sabemos de cierto que no le estaba diciendo a su mujer “patatas” o escribiéndole “Ponme patatas para comer: llego en 30 min. si los de la GC no me detienen” (por poner un suponer).

    Es más, tenemos certeza ciega de que no es usuario de teléfono alguno (les informo que los hay adaptados) por la mera afirmación de que no está a su nombre… en mi familia todos están a mi nombre ¿y en las suyas?

    Supuesto: entra un sordomudo en la tienda y dice: “Quiero un móvil con manos libres” y el dependiente le dice: “¿Qué le parece este?” a lo que contesta: “Pues no se… espere que mi amigo el ciego está aparcando y viene a echarle un vistazo…”

    Y es que hablamos por no callar… y yo el primero =)

    J. Díaz

  3. Pueden hacer lo que quieran .Siempre tienen la razón . Lo digo ,porque yo tuve un accidente y en el atestado me echan la culpa a mí y no al exceso de velocidad del otro .Si la vía marca 40 él iba a 60 o más.
    Además al mes de ocurrido el siniestro , me llega una multa a casa, por no acercar la parte trasera del coche lo suficiente a la casi inexistente acera,dentro de un pueblo.
    La línea que separa los dos sentidos , es discontínua , y yo no invadía el sentido contrario .
    Pero en estos lugares, pocos son los que respetan el límite de velocidad y encima no les sancionan.Yo no soy de allí . Yo iba sólo a trabajar a otro pueblo.
    Es un tramo en el que hay muchos accidentes.¿Por qué será?.
    No tengo testigos , ni pruebas . Yo me fiaba de los agentes, que no tenían claro , en ese momento quién era el responsable.
    ¿Se puede hacer algo para que en esa vía pongan un espejo o una señal de peligro o un medidor para acercar el “trasero” a la calzada?.
    Siento haberme extendido , pero ya sólo me queda la pataleta.

  4. Vaya un caso curioso el de esta persona multada por hablar por el móvil. Además, el problema es que llegar a la vía contenciosa cuando te desestiman las alegaciones y luego el recurso de alzada… no es cosa barata.

    Si no tienes el beneficio de justicia gratuita, entonces te sale más caro recurrir que pagar la multa, porque muchas veces el juez no condena en costas a la Administración.

    Es bastante injusto que prevalezca la palabra de un funcionario, que entendemos todos que se puede equivocar o incluso extralimitarse. Pero se les da una presunción de imparcialidad que muchas veces han aprovechado.

    ¡Saludos!

  5. No sabia que los sordomudos pueden conducir.

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La Lectura de Ramón