¿Alguien sabe lo que es el PRINCIPIO DE LEGALIDAD?

Antes de entrar a explicar lo que es el PRINCIPIO DE LEGALIDAD, daré mi opinión al respecto, que no es otra que la siguiente:

El PRINCIPIO DE LEGALIDAD es una vergüenza de nuestro Estado de Derecho porque es el que permite todos los abusos y atrocidades que la Administración de Hacienda hace en contra de sus administrados (contribuyentes) Es una especie de PATENTE DE CORSO totalmente legal porque así está establecido, pero tan injusta como quepa imaginar.

Gracias al PRINCIPIO DE LEGALIDAD, se presupone que todo lo que dice o hace la Administración de Hacienda es TOTALMENTE LEGAL; y todo ello pese a haberse demostrado tantísimas veces que Hacienda se salta la normativa y las Leyes cada vez que tiene ocasión. A pesar también de que quienes representan a Hacienda son personas y también están sujetas a error. Pues a pesar de todo, siguen parapetados detrás de este Principio kafkiano.

Voy a poner un ejemplo sencillito:

1.- Hacienda abre un expediente a un contribuyente (sobre cualquier asunto; eso no importa) Por el mero hecho de ser Hacienda quien actúa contra el contribuyente, se le ha de suponer buena fe y total legalidad.
El acuerdo tiene una vigencia inmediata y lo que Hacienda haya acordado va a Misa.

2.- El contribuyente, por supuesto tiene derecho a ir a Tribunales (si dispone de tiempo y dinero para hacerlo). Y no solo puede ir a Tribunales, sino que puede ganar. Hacienda pierde muchas veces, entre otras cosas porque suele ser muy irracional en sus actos a pesar del Principio de legalidad, o quizás a causa precisamente de ese Principio de legalidad.

3.- Hacienda tiene derecho a recurrir la sentencia del Tribunal, y por norma lo hace. Es muy raro el caso de que no la recurra. No importa que tengan razón o no, la norma es recurrirlo todo.

Llegados a este punto vamos a analizar las consecuencias del PRINCIPIO DE LEGALIDAD:

1.- Lo que Hacienda haya acordado (sea lo que sea), es firme aunque el contribuyente no esté de acuerdo y haya llevado el caso a Tribunales.

2.- Los Tribunales pueden tardar años en emitir el correspondiente fallo. Mientras tanto y a pesar de todo, lo dicho por Hacienda sigue vigente.

3.- Cuando el Tribunal le da la razón al contribuyente después de mucho tiempo y dinero gastado, Hacienda alega que no es firme la sentencia, y además de recurrirla como es norma en la Administración, vuelve a hacer uso del PRINCIPIO DE LEGALIDAD y de nada le sirve al contribuyente haber ganado la sentencia porque la razón a efectos prácticos la sigue teniendo Hacienda por el mero hecho de haber recurrido.

Es decir, que cuando es el contribuyente quien acude a los Tribunales, esto no tiene efecto sobre el acuerdo de la administración. No hay forma de pararlo. En cambio cuando es la Administración la que, después de tener una sentencia en su contra, recurre, resulta que sí que se paralizan los efectos de la sentencia y el acuerdo sigue teniendo la misma vigencia hasta que sea el Tribunal Central quien determine. Y pueden pasar otra vez varios años.

Y si el Tribunal Central le da la razón a la Administración, pero el contribuyente acude a otro Tribunal superior, todo seguirá igual y el acuerdo permanecerá firme.

Si en realidad estamos en un Estado de Derecho, las cartas deberían de ser las mismas para todos, y si Hacienda hace algo que es recurrible en Tribunales, mientras no hubiera sentencia, sus acuerdos no deberían de tener efecto, y mucho menos cuando ya hay sentencia en su contra.

Por esas y por otras muchas razones no me cansaré nunca de decir a los cuatro vientos que Hacienda se comporta de forma prepotente e injusta, y en muchos casos realiza claros actos de prevaricación porque lo que hace, lo hace mal, a sabiendas de que lo está haciendo mal. Y lo hace así porque el sistema le apoya y el tiempo juega a su favor.

Espero que algún día alguna mente lúcida acabe con ese PRINCIPIO DE LEGALIDAD y ponga las cosas en su sitio.

Hacienda somos todos, pero como siempre, unos son los que dan y otros los que tomamos.

Ramón Cerdá

Ramón Cerdá
Empresario - Sociedades Urgentes
Ontinyent, 1964

Fundador de GMC Asesoría de Empresas, SOCIEDADES URGENTES y Mi Libro en Papel, además de escritor, novelista, bloguero, editor y corrector de textos en EL FANTASMA DE LOS SUEÑOS.

Autor de LA HABITACIÓN DE LAS MARIPOSAS, HACIENDA [NO] SOMOS TODOS, LOS ELEMENTOS DEL ESTILO LITERARIO y otros muchos títulos.
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1 Comentarios.

  1. Esa interpretación no es correcta. El Principio de legalidad es la obligación de cumplir y atenerse a la Ley extrictamente de toda Administración y funcionario públicos, lo cual no quiere decir que a toda administración se le presuma que lo haga. Es decir, hay poca o ninguna discrecionalidad en sus actos. Lo debería hacer pero sus interpretaciones pueden ser erróneas, tendenciosas, etc. Por ello los actos administrativos pueden ser nulos (desde el origen) o anulables (desde su anulación) si son equivocados o no se cumplen los procedimientos (garantía muy fuerte a favor del ciudadano).

    Por eso la jurisdicción contencioso administrativa la controla (sólo existe por eso) y existe el derecho de los ciudadanos a acudir a ella contra la propia Administración en uso de otro derecho que es la Tutela judicial efectiva que está en el mismo plano y sin el cual la Administración sería una dictadura. También podría existir en otro plano penal la prevaricación si el funcionario se salta la Ley a sabiendas y realiza una acción contraria a la norma, pero eso ya es más difícil de probar.

    Aunque en la práctica el Tribunal Supremo ha sentenciado que la Administración tiene recursos y poderes exorbitantes sobre los ciudadanos. Basándose en ello la limita siempre que puede, por ejemplo hacienda no puede inspeccionar dos veces la misma cosa. Aunque la primera haya sido una mera comprobación (paralela) de la oficina de gestión y luego la inspección quiera volver sobre lo mismo. Es cosa juzgada.

    Que la Administración, en especial la AEAT y la Tributaria en general, intenta abusar es evidente. Y en la practica con sus poderes exorbitantes lo consigue.

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La Lectura de Ramón